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lunes, 10 de octubre de 2016

Semblanza de un destacado luchador social

* Don José Fernández Gómez...

Por: Salvador Hernández García
Cronista de la Ciudad

Cuando en su momento se dio la oportunidad de que yo me conociera y después tuviera un trato continuo en lo personal con el dirigente obrero de formación Cetemista, Don José Fernández Gómez, de inmediato me identifique con él, al observar la manera en que desempeñaba esa función y con habilidad la combinaba con la actividad política. 

De carácter afable, sencillo y franco, Don Pepe se significó como un líder natural que supo imprimirle su sello particular a la administración de los intereses del movimiento obrero regional, destacándose en la defensa de éstos como un auténtico obrerista y gran luchador social. 

Tuvo la virtud Don Pepe de saber equilibrar en su justa medida y proporción su liderazgo obrero con la actividad política, y en ese sentido las hizo compatibles, pese a las imperantes condiciones de asimetría que le tocó confrontar en su época. 

Le traté muy de cerca, a través de varios años, y en las diversas ocasiones que se presentaron, me habló con un gran entusiasmo de muchos proyectos que bullían en su mente, susceptibles de calendarizarlos y practicarlos a futuro en beneficio del desarrollo integral de Tuxpan. 

Era un hombre de una visión extraordinaria para observar más allá del horizonte, y en ese sentido la pasión que le inspiró fué su entrañable amor a su solar nativo.

Años antes en las décadas de los cincuentas y sesentas, Don Pepe ya había incluido en su palmarés de genuino luchador social, sendos blasones que lo acreditaron como un activo y decidido promotor ante los Gobiernos Federal y Estatal en turno, de todos los proyectos que sirvieron de base a la ejecución y puesta en marcha de los programas de Obras Públicas susceptibles de beneficiar a Tuxpan, tales como la construcción de las escolleras; el dragado de la barra y el permanente del canal de navegación; la construcción del recinto portuario incluyendo los muelles y cobertizos; la construcción del puente sobre el Río Tuxpan, el aprovechamiento del tramo urbano de la vía férrea desechada, para construir el libramiento de la Ciudad, el trazo, ampliación y urbanización de la Avenida Cuauhtémoc, para utilizarla como vía alterna entre Tuxpan, La Ceiba y La Calzada, la construcción de la vía de terracería para unir a Santiago de la Peña, con el recinto Portuario de Cobos, la construcción del muro de contención sobre la margen izquierda del Río Tuxpan.

Mucho tiempo después de ello, en cierta ocasión me invitó Don Pepe a hacer un recorrido por toda la Ciudad de Tuxpan, sus colonias periféricas y las congregaciones conurbadas, incluyendo Santiago de la Peña, y en determinados puntos en donde estacionaba su modesto miniauto me hacía ciertas indicaciones al respecto del sitio visitado. 

Estando por ejemplo en Santiago de la Peña, cerca de la caseta de cobro que por aquel tiempo se ubicaba frente al acceso del puente del Río Tuxpan, me indicó lo siguiente: “Vamos a tener que organizar un movimiento para que instalen esta caseta lo más lejos posible de aquí, pues no es justo que a la gente que reside en este lado del Río, cuando viaja en su vehículo “al otro lado”, también le cobren peaje, y mucho menos se justifica cuando utiliza esa vía para comercializar sus productos del campo”.
En otro punto de la Ciudad, en donde concluye la avenida Cuauhtémoc, sobre el área ejidal de la Calzada, Don Pepe me indicó: “Desde aquí debe partir una prolongación de esta Avenida que en diagonal llegue hasta La mata de Tampamachoco”, para aprovechar el islote  que está a medio Río, y en ese punto promover la construcción de un Puente que comunique los 2 lados, para desviar el tráfico pesado de PEMEX y de las otras Empresas, antes de que acaben con el único Puente que tenemos. 

Me hizo señalamientos también en el sentido de que había necesidad de promover la rehabilitación y ampliación del Aeropuerto Federal, Fausto Vega Santander, para darle el espacio adecuado a los vuelos comerciales a efecto de incrementar el turismo y por su parte para contribuir en lo particular a hacer más viable este propósito, la Empresa Transportista de pasajeros cuyo Consejo de Administración él presidía La Tuxpan Barra-Alamo_Flecha Roja inauguró un servicio especial entre Tuxpan-México y viceversa que fue denominado como Turismo, que transportaba 8 pasajeros en modernas Limousinas de 9 asientos, que recorrían la distancia entre ambos puntos, en 5 horas, solamente. 

Por ese tiempo se estaba prolongando el Muro de contención sobre la margen izquierda del Río, todavía existía el pequeño parque Hidalgo, y estando en este lugar, frente a esa fracción del Río, me confió coloquialmente lo siguiente: “Ya cumplimos todos los requisitos que nos pidió el Gobierno Federal, pero no hay que confiarnos mucho. Ha que estar en guardia para que nos cumplan la solicitud de construir ya no digamos un muelle, sino un embarcadero seguro donde puedan descargar sus productos los campesinos de Río arriba, para que sean ellos quienes los comercialicen directamente y no caigan en las garras de los coyotes. 

También hizo un alto por el área donde se ubicaban los viveros forestales y señalándome unos amplios terrenos baldíos colindantes en donde en otros tiempos funcionó una ladrillera, me señaló que dicho lote tenía la superficie suficiente para construir sobre su superficie lo que el llamo: “Una terminal Colectiva de todas las líneas Camioneras que operan en Tuxpan”, y acotó: “Hay que salirnos del Centro de la Ciudad antes de que nos corran de ahí.” 

En otra parte de la Ciudad hizo un lento recorrido sobre la zona del libramiento, una y otra vez, precisamente en el área en donde actualmente se asientan las Colonias Rafael Hernández Ochoa, Rafael Murillo Vidal y el Esfuerzo, mas sin embargo no me hizo ningún comentario al respecto. Tiempo después me enteré por otras fuentes, que esos terrenos habían sido ocupados por la vía de la invasión, y por lo menos las dos terceras partes de los terrenos invadidos, eran  propiedad de la sucesión Fernández Guillermo, de la cual él formaba parte, empero Don Pepe nunca especuló con ello y antes al contrario, contando con la intervención del gobernador Rafael Murillo Vidal, dio todo tipo de facilidades para su regularización a favor de los ocupantes, deslindándose él, en lo personal, de todo beneficio económico por esa operación. 

En el aspecto político Don Pepe fue un personaje influyente de permanente vigencia, y su proyección en ese sentido fue trascendente, tanto a nivel regional como en la capital de Estado. Su extraordinario poder de convocatoria siempre fue reconocido por propios y extraños y su capacidad para movilizar contingentes en los eventos proselitistas y en los procesos electorales, siempre resultó definitiva en sus resultados, pero por extraño que parecer pudiera, Don Pepe nunca aspiró a ocupar un cargo de los llamados de representación popular, empero su activa participación que tuvo en todo tipo de movimientos sociales que en su época se realizaron en beneficio de Tuxpan, fue más fructífera en resultados positivos que los que lograron los diputados y alcaldes de ese tiempo.

En la actividad sindical y como dirigente obrero fue un personaje muy respetado y admirado por su capacidad de negociación. Como representante de la C.T.M. siempre demostró una gran habilidad para lograr acuerdos y contratos con los empresarios que por regular dejaba satisfechas a las 2 partes. 

El partía de la base de que había que darle todo tipo de facilidades, desde luego sin menoscabo de los intereses de los obreros a las Empresas que se interesaron en invertir en Tuxpan. Habiendo inversiones hay obras y habiendo obras habrá empleos, les señalaba a sus representados. 

Ya tenemos el puerto solía decir ahora no nos para nadie, y esa fe y confianza las vino demostrando desde la década de los años treinta, época en la cual fundó y sostuvo el Sindicato Obrero de Alijadores y Maniobristas que operan en el recinto Portuario, cuando la Terminal Petrolera de Cobos ni siquiera contaba con muelle alguno. 

Era Don Pepe una persona centrada y juiciosa, abierto siempre al dialogó y templado al calor de la lucha social. Su bonhomía era su sello característico y era proverbial su nobleza y generosidad. 

Su casa siempre estuvo abierta hasta para sus enemigos, y nadie que acudiera a ella a entrevistarse con él, se retiró del lugar sin haber compartido el pan y la sal de su siempre generosa y espléndida mesa.

Su actividad política la basó en su identificación con la central obrera C.T.M. y el P.R.I., lo que sin embargo nunca le impidió sumarse a las luchas de otras organizaciones C.N.C. o institutos políticos cuando las juzgó justas. Fue un hombre de una sola pieza, sin doblez alguno.

Como hombre de empresa fue pionero en la organización del transporte público en la zona norte de la Entidad; como político, factor de decisión en la administración pública; como dirigente obrero se significó como un hábil interprete y guardián de los intereses de sus representados, y como sindicalista fue un gran mediador entra las partes obrera y patronal, y en este renglón cabe destacar que su gran capacidad de negociación le permitió NO apelar al último extremo de hacer estallar una huelga. 

Don Pepe pagó su tributo a la madre tierra y quienes asistimos a su sepelio aún recordamos que éste constituyó una verdadera manifestación de duelo. Se fue el hombre público, el político, el empresario, el priista, el cetemista, el líder obrero, pero los hechos y sus resultados aún siguen presentes, particularmente los relativos a las formas en que practicaba su actividad sindical: “Hay que darles facilidades a las empresas que vienen a invertir en Tuxpan. Habiendo inversiones hay obras, y habiendo obras habrá empleos, y como colofón sólo queda añadir: Ojalá que los Sindicalistas actuales entiendan y hayan asimilado esta lección.”

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