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lunes, 7 de noviembre de 2016

La fallida creación del Estado Huasteco de Iturbide

POR: SALVADOR HERNANDEZ GARCIA 
CRONISTA DE LA CIUDAD

               Fue el 27 de septiembre de 1855 cuando cinco distritos de la Huasteca: Tuxpan, Tampico de Veracruz, Tancanhuitz, Huejutla, y el Sur  de Tamaulipas, por actas levantadas en Tuxpan y Tantoyuca proclamaron la formación de un Estado que se denominaría Iturbide.

El tal proyecto nada tenía de nuevo, y quizá en el fondo de la cuestión les asistía a los peticionarios la razón: pero lo malo del caso fue que apelaran a las vías de hecho, desconocieran al gobierno y se apartaran del sendero de la legalidad.

Cuando en 1832 el general Esteban Moctezuma se pronunció en Tampico, los habitantes de la Huasteca lo apoyaron en su pronunciamiento, atraídos por la promesa que les hizo de erigirlos en un Estado libre y soberano como los demás de la confederación mexicana; pero la trágica muerte de este militar dio al traste con el proyecto; en 1838, dueño el general Urrea del puerto de Tampico, obtuvo de los huastecos decidida cooperación por la misma promesa; en 1851, se presentó el proyecto de erección a la cámara de diputados, pero los representantes de Veracruz, San Luis Potosí y Tamaulipas, le hicieron tan tenaz resistencia que el proyecto sólo obtuvo 32 votos, y en 852 el coronel Casanova recibió igual apoyo que el de sus antecesores; más a su triunfo los dejó burlados en sus esperanzas.

Como comprenderá el lector, no era posible que el inquieto general Santa Anna hubiera dejado de intervenir en este asunto, según se infiere de un párrafo de una carta dirigida desde México por D. Juan B. Traconis, el 26 de octubre de 1855: “pero además de la justicia que creo tienen algunos de esos pueblos vecinos para pretender la formación del territorio Iturbide, cuya oferta quedó burlada por el General Santa Anna que en nada correspondió a los compromisos que por él contrajimos los que de tan buena fe trabajamos ahí mismo en 1852…”

En fin, al sublevarse López Uraga en 1855 y al surgir entre Traconis y Juan José de la Garza las dificultades que los dividieron aprovechadas por los huastecos, pues Uraga les ofreció convertir la Huasteca en el Estado de Iturbide, y al general Traconis se le decía en la carta que ya he citado: 

“Sé que los elementos con que cuenta V., en fuerza física son cortos, aunque su energía y conocidas disposiciones suplirá en mucho aquella falta;… creo que V., apoyando efectivamente el que se lleve a efecto la erección del estado o territorio se cobrará la simpatía de los desgraciados habitantes que viven hasta ignorados de los Estados a que pertenecen y podrá contar con fuerza que todo el cantón de Ozuluama le proporcionará inmediatamente con aquella garantía que creo fundadamente sabrá cumplir el actual gobierno con su eficaz apoyo”.
Ahora bien como nada resolviera el presidente interino Álvarez, y se cumpliera el plazo señalado en las actas de Tuxpan y Tantoyuca para la reunión de los representantes de las municipalidades que deberían proceder al nombramiento de gobernador interino, en reunión efectuada en Ozuluama, fue nombrado jefe provisional de la nueva sociedad política intentada el señor D. Juan Llorente, a quien se le encargó uniformar la administración interior de los cinco distritos.

Para Llorente, secundado por los principales corifeos de esta erección, Tirso y Manuel Jáuregui, Ramón Núñez y Luis Andrade, este suceso no era un levantamiento de los pueblos contra la administración, sino simplemente una nueva organización en uso de sus derechos para satisfacer sus necesidades y sus intereses, razón por la cual con fecha 21 de noviembre dio cuenta al señor Álvarez de su nombramiento y se puso a sus órdenes con todo el territorio que lo había “elegido”.

Y ante la realidad de su situación, no encontró dicho señor Llorente otro arbitrio que el de expedir un decreto para convocar a los representantes municipales a fin de que designaran un consejo de gobierno que procurara dar uniformidad a los distritos dislocados en varios Estados y evitarles así su desconcierto.

“Considerando, que por las actas de los pueblos de aquellas demarcaciones, se conceden al gobierno provisional, además de las facultades ordinarias de los demás de la Unión, las necesarias para uniformar su administración interior, y convocar a los representantes del Estado, de la manera más conveniente a su nueva existencia política. 1º.- Se forma un nuevo Estado de la Unión Mexicana con la denominación de Iturbide, compuesto de los distritos de Tuxpan, Ozuluama, Huejutla, Tantoyuca y Sur de Tamaulipas, con los límites que hoy reconocen esas diversas fracciones. Y a continuación convocaba a una junta compuesta de un representante de cada municipalidad de los distritos a fin de que se reunieran el 15 de enero en Ozuluama para nombrar al gobernador del nuevo Estado; y, entre tanto, nombró consejeros del gobierno provisional a los señores José Ignacio Franco, Lic. José Manuel Jáuregui, Lic. Luis Gómez y Pérez, Emeterio Velarde y Eulogio Gautier.” 
Analicemos ahora fríamente esta cuestión.

Con el triste y bien sobado epíteto de “revolucionario” fue erigido este Estado al margen de la Ley y sin considerar sus corifeos que tal creación ilegal iba a acabar por provocar la efusión de sangre correspondiente. El extravío de los sediciosos fue grande, pues debieron tener en cuenta que a la postre intervendrían, como al fin intervinieron, las armas nacionales que al mando del general Moreno aquietaron a estos pueblos después de las sangrientas jornadas de Ozuluama y Tantoyuca.

De acuerdo, pues, con este extravío, la suerte de esta erección estaba condenada al fracaso, y así el proyecto de tal creación fue condenado por la prensa gobiernista de la época con acres censuras, no por el fondo, sino por la forma.

“Al llegar a este punto –decía “El Veracruzano”, debemos declarar de la manera más franca y solemne que el proyecto del Estado de Iturbide lo hemos condenado, porque se recurrió para sostenerlo a las detestables vías de hecho; pero que desde el momento que se entable por la vía legal, seremos los primeros en desear que se examine su conveniencia y la necesidad de llevarlo a cabo. Si los pueblos huastecos no están bien bajo la actual división política del territorio, si tienen justicia para pretender una innovación o reforma en aquella, que redunde en beneficio de su administración y de su modo de ser político, harto nos alegramos de que el legislador satisfaga sus necesidades”.
¿Qué necesidades aducían para la erección de este nuevo Estado los partidarios de ella?

Al decir del señor D. Fernando Soto, en el interesante estudio que publicó a este respecto, el movimiento de los cinco distritos representaba una de esas necesidades imperiosas que no podían esperar más. 

“Hoy estos distritos se hallan pronunciados y esperan ansiosa y justamente que los hombres de la presente revolución de la Huasteca ha provenido de la misma causa; y mañana quizá, aparecerá sangrienta y amenazadora, porque cuando la justicia de una idea es fatalmente rechazada la idea vuelve a levantarse de una manera formidable, para tomar por sí misma el lugar que le corresponde y que se le ha negado”.
Estos distritos que pretendían formar el nuevo Estado, estaban íntimamente ligados por razón de sus intereses materiales, y tenían los elementos suficientes para formarlo, pues contaban con una población mayor de 300.000 habitantes, una extensión aproximada de 6.000 leguas cuadradas de superficie y dos puertos sobre el Golfo: Tuxpan y Tampico, todos ellos se encontraban en una misma situación y por consiguiente unidos entre sí por la homogeneidad de interés, ideas, usos, costumbres y relaciones agrícolas. Inconcluso era por lo tanto que a tal homogeneidad de ideas, usos y costumbres correspondiera una identidad en las leyes que los rigieran para evitar el caos administrativo; más lejos de esto, el distrito de Tampico de Veracruz presentaba un vivo ejemplo de esta des uniformidad, que en lo judicial dependía de San Luis, en lo militar a Tampico de Tamaulipas, en lo eclesiástico a México y en lo civil a Veracruz.

Para los huastecos, con la erección conseguiría darle al puerto de Tampico mayor impulso al comunicarlo con la capital de la República por un camino carretero del que carecía; necesitaba a su vez comunicarse con la laguna de Tamiahua y con la de Pueblo Viejo para unirse con el puerto de Tuxpan, y la canalización del Pánuco para hacerlo navegable hasta Villa de Valles, con lo que se reduciría en una quinta parte la distancia del Puerto a San Luis.

Por cuanto el puerto de Tuxpan, si bien de menor importancia al anterior, era el más cercano a la capital y sus intereses comerciales se hallaban íntimamente ligados al importante distrito de Tulancingo y al partido de Huauchinango, e indudablemente era la ingente necesidad de construir un camino que saliera de dicho puerto para unirse con los puntos ya citados, México, y Pachuca, con rumbo hacia el interior, sin que este sano fuese una quimera, pues durante los años de 1826  a 1835, en que estuvo abierto Tuxpan al comercio de altura, la sierra de Zacualtipán, Huauchinango y Teziutlán alcanzaron un extraordinario progreso por el movimiento comercial.

Estas necesidades, más otras de mayor cuantía y de índole social, fueron las que impulsaron a los huastecos a pedir la erección de la nueva entidad. ¿Por qué no satisfacerlas, aunque para ello se hubiera llegado a tener que barrer con ridículos y estériles localismos y modificar los límites trazados arbitrariamente de las entidades afectadas? Sin embargo, nada de esto se hizo y la erección soñada acabó por naufragar en un charquero de sangre mexicana.

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