"Una ventana abierta a la historia y cultura de Tuxpan, Ver."

lunes, 24 de abril de 2017

Huaxtecas

ESCRIBE: SALVADOR HERNANDEZ GARCIA
CRONISTA DE LA CIUDAD

El parentesco lingúistico de huaxtecas y mayas ha sido base para considerar a Yucatán como patria primitiva de los huaxtecas, o a la Huaxteca como primer territorio de los mayas. Con este afán se ha visto en la braquicefalia huaxteca, común a los pueblos de la Costa del Golfo, una unión más. Algunos elementos etnográficos podrían aducirse si no fuera prudente la espera de mayores investigaciones para situarlos con exactitud en el cuadro de la Cultura del Golfo y de la Circuncaribe. Morely declaró a los huaxtecas, no mayas culturalmente. Las conclusiones actuales del conocimiento en torno a Ia cultura Huaxteca permiten reconocerle característica definida. 

Lo más antiguo de que puede hablarse hoy, en la cultura Huaxteca, es el periodo arcaico llamado Pánuco l, contemporáneo de las fases más antiguas en Monte Albán o Zacatenco. Dada la liga maya-popalocatotonaca-huaxteca en la costa veracruzana y la presencia de fuertes elementos huaxtecas diseminados en casi todo el Estado, debían aparecer los elementos Pánuco l al sur del rio Tuxpan. Como hasta la fecha no se ha encontrado, puede considerarse a los huaxtecas, el pueblo que realizó la mayor penetración de la altas culturas. Rumbo al norte del Golfo de México, en tiempos prehispánicos. 

Entre los siglos l y lll de la Era Cristiana, las culturas arcaicas del Golfo, vivieron su etapa de mayor intensidad y terminaron como tales. Este período, en la cultura huaxteca, se denomina Pánuco ll. Tampoco se tienen noticias históricas de tal etapa, en la cual aparecieron las características fundamentales huaxtecas, perfeccionadas en el curso de su vida; pero debe suponerse notable progreso en los medios de producción, y enriquecimiento por conquista, dada la sobrecarga ornamental de tal periodo arcaico. La magnitud de expansión la cuentan los objetos arqueológicos del tipo huaxteca, llamado por Ekholm, Complejo Tancol, encontrados en la cuenca del río Mississipi. Tiempos de gran actividad prolongados en éste, y acaso en el siguiente período, rumbo al sur, mediante la cual podría explicarse la semejanza de cerámica encontrada por Medellín Zenil en Isla del Ídolo, Tamiahua, Ver., y por Thompson en Benque Viejo, Belice. 

De los periodos Pánuco III y IV, es difícil conjeturar datos para la historia huasteca, en tanto no se determinen las modalidades y extensión de sus elementos. Sahagún, al describir a los huaxtecas, explicó la denominación de Panoayan por una tradición que ponía en Pánuco la llegada de los primeros pobladores de México antiguo, en navíos. Como para totonacas y olmecas existe similar tradición, tal vez debía situarse a la tradición norteña entre los siglos III Y IV, correspondientes a las referidas etapas huaxtecas y a las totonaca y olmeca de 

Teotihuacán. Debe recordarse Ia existencia de la Provincia de Quahutochco, también huaxteca y donde una barranca todavía lleva el nombre de Panoayan. Del periodo Pánuco V, ya pueden obtenerse datos en las crónicas.

Los toltecas cruzaron parte del territorio huaxteca en su peregrinación, estableciéndose por' algún tiempo en varios puntos. El año 590 llegaron a Tuzapan, donde según Pavón existe cerámica huaxteca; y al decir de lxtlixóchitl,  descubrió Cacatzin; ahí nació su hijo Totzapantzin. El año 596, guiados por Cohuatzin, llegaron a Tepetlan. Xiuhcóhuatl los capitanes hasta Mazatépec, el año 603. En 611 llegaron a Xiuhcóhuac (T zicoac), guiado por Tlapalmetzin, Metzotzin los llevó a ltzachuexuca (¿Huejutla?) en 619, donde permanecieron 18 años para salir a Tulantzinco y Tula. 

Tal vez a fines del siglo IX o principios del X, los nonoalcas tuvieron vecindad o convivencia con los huaxtecas. Acaso el Culhuacan y el Nonoalco de la región de 'liaguiztenco, Hgo., marcan el eje nonoalcachichimeca en los Anales de Quauhtinchan. De cualquier manera, con estos acontecimientos debe ligarse la embriaguez y culto de XipeTótec, a quien un canto prehispánico designa como cuextécatl beodo y cuyas representaciones parecen abundar en el territorio huaxteca, situado al sur de la Sierra de Otontepec, donde queda la congregación Toteco, municipio de Tancoco, Ver., y con el nombre de Toteco existieron un barrio de Tamiahua y un rancho de Chicontepec. 

Entre los toltecas, la introducción del pulque se acreditó a Papantzin y Xóchitl; pero es importante señalar que a Sahagún le hubiera dado por autor a Tepuztécatl, nombre característico de los nonoalcas. Posiblemente los huaxtecas acompañaron a los nonoalcas en su aventura por el altiplano. Dice Sahagún, hubo un señor y caudillo de los huaxtecas que tomó cinco tazas de pulque; briago y sin juicio, se quitó el maxtle, lo arrojó, y al verlo desnudo los fabricantes, quisieron castigarlo. Supo el huaxteco las intenciones y avergonzado se fue

“Con todos sus vasallos y los demás que entendían su lenguaje", hasta Pánuco. En este relato se prolongan noticias para probar larga convivencia por adquisición de varios elementos culturales y el hecho de que algunos inventores del pulque (nonoalcas) hablaban idioma huaxteca. 

El establecimiento de los otomíes (chichimecas) en la Provincia de Meztitlan y la Sierra de Otontépec, debió ser importantísimo en el desarrollo de ambos pueblos, hasta el grado de unirse Xólotl y Tomiyau, Ia reina de Tamiahua, sin cuya unió quedaría incompleto el cuadro explicativo del poderío chichimeca. 

Después de la ruina tolteca, los huaxtecas recuperarían el eje Tezcatépec Tuxpan, que había estado en manos de toltecas, e iniciarían la fase última de su cultura (Pánuco VI). 

Debido a intensas expansiones de los pueblos del Golfo, a los huaxtecas, perpetua vanguardia mesoamericana, quedaría la difícil ruta del norte, cuya conquista se ignora en las crónicas; pero los vestigios arqueológicos descritos por Mason y procedentes de Brownsvill, Texas, han sido identificados por Ekholm, como el periodo Pánuco Vi. Después, una enconada resistencia contra los ejércitos nahuas de la Triple Alianza, selló Ia última página prehispánica del pueblo que con sus armas y su valor, ayudó a los florecimientos culturales de su frontera suriana. 

Fuente: Lic. José Luis Melgarejo Vivanco

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