"Una ventana abierta a la historia y cultura de Tuxpan, Ver."

lunes, 5 de febrero de 2018

Origen y Evolución Histórica de los Municipios

Por: Salvador Hernández García 
Cronista de la Ciudad 

MESOPOTAMIA: Su nombre significa: “TIERRA ENTRE RÍOS”. Es una región que se ubica en lo que actualmente es el País conocido con el nombre de IRAK, entre los ríos Eufrates y Tigris, los cuales fluyen desde las tierras altas de Turquía hasta desembocar en el Golfo Pérsico. 

Según estudios especializados sobre la materia, se tiene conocimiento que en un estimado de 30 mil años A.C., el ser humano abandonó su condición de nómada recolector de frutos y cazador de la fauna primitiva y se volvió sedentario, sus primeros asentamientos como tal, se dieron en las llanuras costeras de ambos ríos en donde se le advierte dedicado a la agricultura y a la cría, ordeña y aprovechamiento de los animales. 

Su instinto natural de conservación de la especie, le crea la necesidad de buscar la seguridad de un refugio y lo encuentra construyendo sus viviendas utilizando para el efecto los zacatones y barros de las riberas de esos ríos, material que utiliza además para fabricar artesanalmente alfarería. Por otra parte los ríos, lagos, lagunas y demás cuerpos de agua, adicionalmente le proporcionan abundante pesca y caza de la fauna de pluma y pelo ribereña y con los líquidos de aquellos riega sus cultivos. 

En esas condiciones y al alrededor de 3 mil 500 años A.C. se comienzan a constituir las primeras aldeas en cuyos espacios cohabitan en colectivo, y por razones obvias sus primeros pobladores se enfrentaron a la necesidad de establecer las reglas que regulen su convivencia, y se organizan en tal sentido para disfrutar en común todos los bienes a su alcance a la vez que establecen sus propias obligaciones para la conservación de su hábitat. 

Ante esa coyuntura surgieron las primeras manifestaciones de organización social, económica y política de los seres humanos agrupados en comunidades, mismas que a su vez comprendieron la creación de los cuerpos administrativos de los intereses colectivos. 

Colateralmente se fueron estableciendo las reglas y normas de conducta individuales y colectivas a las que tuvieron que sujetarlas los pobladores de esas aldeas, y así mismo por generación espontánea fueron surgiendo los líderes y dirigentes entre los hombre más hábiles y capaces, sobre quienes de común acuerdo se fijó la responsabilidad de vigilar la correcta aplicación y práctica de esas reglas y normas que rigieron la convivencia entre iguales. 

Por el año 1,800 A.C. se distinguió entre esos líderes naturales el Babilonio HAMMURABI, quien elaboró y puso en práctica el contenido de un documento que comprendió las materias social, económica y política, el cual de hecho se significó como la Primera Constitución General que conoció la humanidad. 

Este documento es conocido hoy en día como “EL CÓDIGO DE HAMMURABI” y sus textos originales se conservan en los rollos de su escritura original conocida como cuneiforme, que era la expresión que ya se practicaba por esos tiempos. 

A esas alturas las aldeas primitivas ya se habían constituido en Ciudades, para ser después CIUDADES-ESTADO y eventualmente Imperios, y entre aquellas pueden citarse: EBLA, UR, URUK, NIMRUD, SUSA, EDIDU, KISH, UMMA, NIPUR, ASUR, SIPPUR, y entre los Imperios, NINIVE Y BABILONIA, y éste antecedente se hace necesario exponerlo porque constituye la base fundamental para comprender de mejor manera el origen y evolución de la Institución que hoy en día conocemos con la denominación de MUNICIPIO. 

El germen municipal se advierte en los lugares más recónditos de la prehistoria y corresponde a los albores del neolítico, lo que justifica la afirmación de que “la cultura urbana tuvo sus raíces en los progresos logrados en la edad neolítica, pudiendo citarse al respecto, el cultivo de las plantas, la domesticación de los animales y el perfeccionamiento de los oficios manuales. 

La arqueología ha venido a confirmar esa apreciación, a demostrar que en las excavaciones hechas en el valle del tigris-eufrates superior, en Tepe Gaura, que el nivel cultural inferior en la serie más completa de las capas culturales que se conocen, corresponde al neolítico, en un periodo remoto al milenio quinto A. C., de los 26 niveles sucesivos ofrecieron el cuadro más claro de los progresos que transformaron la cultura aldeano campesina en urbana. 

Fue el neolítico la cuna y la raíz de la cultura urbana, y tomando como referente las mencionadas ciudades sumerias, cabe hacer notar que se convirtieron en la patria universal de las industrias bien desarrolladas, las cuales fueron, como es natural, más que nada, el perfeccionamiento de las artes manuales. 

La comunidad domiciliaria apareció como un municipio primitivo, con los rasgos impresos por el neolítico y traspuso esa etapa emitiendo en Mesopotamia, los primeros balbuceos del Municipio Político, cuando Hammurabi sustituyó a los sacerdotes que intervenían en la administración del estado, por funcionarios civiles y jueves nombrados por él. Este antecedente consistió en el balbuceo de la secularización administrativa, preámbulo a la aparición de los magistrados locales, independientes del poder central que se daría siglos después en Grecia con la aparición del verdadero Municipio Político, sin embargo resulta curioso advertir que en ciertos aspectos, el primer código con capítulos municipales “fundado en los más antiguos sistemas legales de las ciudades sumerias”, fue el código de Hammurabi. Y cabe destacar que entre sus materias se define “la primera pintura clara de organización social y política de la cultura urbana primitiva” entre las que figuran 1.- La propiedad privada, 2.- Las relaciones domésticas, 3.- La administración de justicia. De las reconditeces de la prehistoria aflora el ciclo histórico con facetas municipales, a través del código de Hammurabi, que desde luego ya es testimonio de la escritura cuneiforme en Mesopotamia. 

La tendencia a institucionalizar las relaciones sociales, es la llave del ingreso a la etapa histórica de la humanidad. El clan totémico rompe la marcha. Por ello, en el caso de Grecia, las tribus que se establecieron en su territorio, al tonificar el germen nativo que se manifestaba ya en la existencia del municipio rural primitivo, convirtieron a los helenos, en occidente, en los herederos municipales de esa gestación librada en la prehistoria. En Grecia, la sociedad como asociación logró un eficiente desarrollo y que los individuos, por medio de sus instituciones sociales, adquirieran la aptitud de decidir sus destinos. Por ellos, los griegos, como herederos municipales de la prehistoria, proyectaron más tarde el asombroso espectáculo de su régimen municipal, es decir, “una sociedad en que la seguridad de cada uno estaba garantizada por la comunidad”. 

Se ha dicho que el origen de los ayuntamientos, se debió a la lucha que surgió entre los patricios y los plebeyos de la antigua roma, y en efecto de esa lucha surgieron primero los tribunos que representaban al populos, a la plebe y actuaban como una especie de procuradores del pueblo. Después, los ediles plebeyos de la época de los cuestores, iniciaron las funciones municipales, y luego, los ediles curules que representaban la existencia de los primeros ayuntamientos. 

Los nuevos funcionarios, pretores y ediles “publicaban, al entrar en el ejercicio de su cargo, edictos mediante los cuales establecían los principios en cuya interpretación decidirán los casos que se les presentasen durante sus funciones”. 

La jurisdicción civil recayó en los pretores y lo administrativo y de policía en los ediles curules, que eran magistrados sacados al principio del orden patricio y después alternativamente de una y otra clase. Sus funciones eran análogas a las que tenían los ediles plebeyos, si bien en esfera más alta, pues le estaba confiada la policía superior, al paso que estos tenían la subalterna. Correspondiales la vigilancia y reparación de los caminos públicos y de los puentes, la conservación de los templos y de los anfiteatros, la policía, las subsistencias, la tranquilidad y el orden público, la dirección de los espectáculos, los funerales, la cohibición de la usura, la expulsión de las mujeres públicas y la policía religiosa y moral. Respecto a los ediles, sus edictos fueron verdaderas ordenanzas municipales. Con la institución de los ediles curules y de los pretores urbanos, existía ya el municipio romano. 

Justo sierra explica la organización municipal bajo la dominación romana en la siguiente forma: “en este trabajo Roma no tiene rival en la historia. Italia sirvió de ensayo y fue luego el tipo de la obra: tres medios empleó el senado para organizar: 1ro. Prescindiendo del derecho de conquista estableció diversas categorías en las poblaciones y principalmente dos clases de municipios: los de pleno derecho que gozaban de absoluta autonomía, que se consideraban en lo político y lo civil como una prolongación de Roma y que por regla general estaban en las comarcas cercanas a la capital: y los de derecho latino que tenían la autonomía administrativa y la plenitud de los derechos romanos civiles, más no los políticos”. 


La organización de las poblaciones bajo la dominación de una sola ciudad, constituyó un hecho que revolucionó al mundo antiguo. Las ciudades, antes reacias a unirse con otras y mucho menos dispuestas a mantener en común leyes e instituciones, le pedían a Roma que se les concediera igualdad, sujetarse a las mismas leyes, y formar con Roma un solo Estado, una civitas. Pedían solo tener un nombre y que a todos se les llamara Romanos. Muchas de esas ciudades obtuvieron de inmediato los derechos que reclamaban, pero después de un siglo tenían ya sus gobiernos municipales. 

A partir del año 146 A.C., todo el mediterráneo, desde Portugal hasta Grecia, se hallaba bajo la dominación Romana. Posteriormente, ya en el siglo IV D.C. en varias regiones del mundo conocido, aparecen ya organizaciones municipales. En la mayoría de ellas se había realizado la revolución de las clases inferiores por arrebatar a la clase patriarcal el derecho de ciudad lográndolo a veces a costa de grandes luchas. En algunas de ellas la aristocracia reconoció el poder, pero dejó al pueblo los derechos políticos. 

Son en extremo diversas las tesis que se han elaborado o que pudieran aplicarse respecto al origen de la sociedad y de las primeras asociaciones políticas, todas ellas tienen importancia por lo que pudiera contribuir a explicar la forma en que se integró el Municipio primitivo, no sin dejar de reconocer las diferencias específicas entre lo que propiamente podría llamarse Sociedad, Municipio y Estado. 

La sociedad, según las más modernas teorías, es un tipo genérico de asociación, dentro del cual pueden distinguirse dos formas específicas La Comunidad y la Sociedad. 

Partiendo de esa consideración encontramos que la Comunidad es una forma, una unidad; la Sociedad una multitud, una diversidad; mientras el individuo se sirve de la sociedad para realizar sus fines propios y satisfacer sus necesidades particulares, por otra parte la Comunidad se sirve de los individuos para realizar fines superiores a los fines individuales, y el primer tipo de Comunidad es la familia, aceptándose sin discusión que es la base natural de la misma. 

De la familia se deriva el clan, por sus vínculos consanguíneos, y más después las tribus por sus lazos de parentesco o por medio del matrimonio, y al coincidir todos ellos en determinado domicilio específicos, surgen los lazos de vecindad, de manera que al desarrollarse un proceso de aglutinación por afinidades de tipo local, surge la necesidad de constituir una figura u organismo bajo cuyo régimen de propiedad se parta del principio de distribuir la tierra, el domicilio, el mercado, la religión, así como para atender intereses comunes, tales como la educación, el vestido, la alimentación, la salud y demás, siendo éstos los adicionales que aumentan la cohesión de los grupos locales. 

Por ello salta a la vista que el clan y la tribu, en cuanto han adoptado la forma de vida sedentaria, pasan a ser grupos locales de vecindad, manifestándose inmediatamente lo que pudiera denominarse el MUNICIPIO PRIMITIVO DE CARÁCTER AGRARIO, o sea, la agrupación ligada a la distribución de la tierra. 

Así se tiene que el Municipio en su conformación socio política, resulta por experiencia la excelencia en la forma de agrupación local, derivada del clan y de la tribu, formados por agrupaciones de parentesco que se vuelven vecinales en cuanto establecen su estructura económica agraria, siendo el Municipio natural la asociación primaria que participa de la misma gestación que se advierte en el origen de la Sociedad. 

En su obra “ECONOMÍA Y SOCIEDAD”, Max Webber asienta que las antiguas Polis Griegas tenían como base, en primer lugar, la organización en Clanes, agregando también que esas Polis el individuo era considerado como Ciudadano, pero en sus comienzos solo se le tomaba en cuenta como miembro de su clan, y cita caso de Atenas en que el que pretendiera un cargo, tenía que señalar un centro cultural de su Clan para que fuera considerado como apto. 

Y en esas antiguas Polis Griegas –añade Webber- en la mente de sus ciudadanos se fue fraguando la idea de modo creciente, de constituir un tipo de ayuntamiento de ciudadanos aptos y capaces, de tipo institucional, considerando que los Ayuntamientos son la más pura expresión del carácter de asociación que los sustenta. Bajo ese patrón las antiguas Polis se fueron convirtiendo en las mentes de sus ciudadanos para configurar e institucionalizar los Ayuntamientos como forma interior para administrar los intereses de sus habitantes, que dando así definido el Municipio en su origen como una específica agrupación natural de tipo territorial, con lo cual se explica que el Municipio como asociación primaria de Gobierno participa en la misma gestación de la sociedad. 

Para Aristóteles, de la familia como asociación natural y de la aldea como colonia de la familia, se formaron las polis como una unión, en una comunidad que se basta a sí misma, agregando “hay en todos los seres humanos por naturaleza, un instinto sociable, por eso, el que fundó la primera polis, fue el mayor de los benefactores”. 

En nuestro México prehispánico, su organización social parece corresponder a los mismos moldes que en lo general determinaron la constitución de los primeros grupos comunales de otras partes del mundo, aunque con características de detalle a todas luces peculiares. 

A ese respecto Gonzalo Aguirre Beltrán señala que el mal llamado imperio azteca, no era otra cosa sino una confederación de tribus, cuyos patrones todavía se hallaban presentes hasta fines del antepasado siglo XIX. 

Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan, no eran las ciudades capitales de 3 reinos, sino, sencillamente, el asiento de 3 tribus con sus respectivos Tecuhtlis, y el grado superior de su organización social, lo constituía la tribu y lograron integrar, en efecto, verdaderos estados tribales. 

Esas tribus, particularmente las que se hallaban en un mayor grado de evolución, formaban confederaciones que no colculcaban los derechos particulares de cada una. Sus jefes eran electos por los consejos de sus respectivas tribus, y tal circunstancia corrobora la existencia de la práctica efectiva, entonces limitada a los consejos de jefes, pero significativa por cuanto indica un embrión de ese sistema democrático. 

En todos aquellos lugares donde las circunstancias lo permitieron y propiciaron, la confederación de tribus fue la forma de agrupación más compleja, ideada por indígenas mexicanos como patrón cultural para regir grandes contingentes humanos ligados, no solo por una cultura básicamente igual, sino también por lazos de parentesco que lo hacía descender de un mítico antepasado común. 

Y tal ocurrió en sus orígenes en el resto del mundo, la piedra angular de la organización tribal estaba en el clan, y este grupo, de singular importancia, formaba precisamente la comunidad o sea la célula social, o dicho sea en otras palabras, el municipio primitivo estaba constituido por un clan totémico. 

La presencia de grupos organizados de parientes entre los aztecas, y en lo general, entre las diversas unidades étnicas que tuvieron por hábitat el territorio que hoy en día constituye la república de México, parece confirmada por la existencia de una institución que, difundida por todo el país y más allá de sus fronteras actuales, recibió de los Nahuas la denominación de “Calpullis”. 

Se trataba de un tipo de clan estructurado sobre la relación de familia con la tierra, en cuanto a su explotación, y es por ello considerado como un auténtico clan agrario, o un municipio primitivo de carácter agrario, por lo tanto no es simplemente de índole geográfica, como tampoco lo es escuetamente vecinal, de aquí que los españoles falsearon su naturaleza al designarlo barrio o parcialidad. 

El Calpulli era el sitio ocupado por un linaje, es decir, por un grupo de familias emparentadas por lazos de consanguinidad, cuyo antepasado era el mismo. Por ello cada Calpulli tenía un dios particular, un nombre y una insignia, y cabe destacar como su mayor significación, que así mismo tenía un gobierno también particular, un embrión del municipio libre que en la actualidad solo existe en teoría, y era, por lo tanto, el Calpulli un clan totémico con sus instituciones emanadas de su propia naturaleza. 

El Calpulli constituyó, sociológicamente, el foco de convivencia: administrativamente, la célula de organización y económicamente la base de la propiedad, del trabajo en general de la producción. 

El Calpulli como clan, elevado por obra de la vida sedentaria, a la categoría de municipio rural primitivo. 

En el Calpulli la alianza de familias determinó una forma de gobierno: la del consejo. Era éste la expresión del poder social, a la manera de los actuales consejos municipales, pero emanado de la alianza de familias emparentadas entre sí. El consejo era integrado por los jefes de dichas familias que naturalmente eran ancianos que ya en la etapa colonial fueron llamados “indios cabezas” e intervenían en todos aquellos asuntos que demandaban una decisión transcendente. 

Sobre ese particular, Aguirre Beltrán menciona que: “entre las tribus más evolucionadas, la división y especialización del trabajo propicia la incipiente formación de clases sociales, entre ellas las de los sacerdotes, comerciantes, guerreros, macehuales, etc., sucedía ya que, lo interpretado como revolución urbana de la sociedad indiferenciada se concentró en torno de las aldeas que eran centros agrícolas, políticos y económicos, trayendo consigo la especialización de funciones de sus pobladores. 

De cualquier manera y aun en casos extremos, las formas democráticas de gobierno derivadas de la organización social basada en el parentesco, no habían caducado todavía; en ellas, puede afirmarse, la democracia existía en teoría más que en la práctica, más sin embargo con esas excepciones, en la mayoría de las tribus la organización consanguínea se encontraba en pleno vigor. Ello permitió que estas formas democráticas, tipificadas por la posesión del poder de un consejo de ancianos facultados para elegir y deponer, no se perdiera en el transcurso de la dominación española, sino que, por el transcurso de la dominación española, sino que, por el contrario, fueran interpretados dentro de los patrones democráticos occidentales, dándole así estabilidad y solidez a las repúblicas de indios. 

Por lo expuesto se puede afirmar que el estado de organización de los pueblos indígenas, cuyos núcleos más importantes habían alcanzado las formas de vida sedentaria, era común la existencia del municipio natural de carácter agrario, pero en un grado de evolución mayor, coexiste y se sobrepone el clan totémico, otro tipo de comunidad, fincada en los lazos tribales, que adquiere ya las características de municipio político, por cuanto se desarrolla francamente y con mayor proximidad, dentro del área de interinfluencias de una organización estatal. 
El esquema de la historia Municipal de México a partir de la Conquista y particularmente desde el día 22 de abril del año de 1519, fecha en que Hernán Cortés fundó la ciudad de la Villa Rica de la Vera Cruz y constituyó el primer Ayuntamiento de México y de la América Continental, nos señala que ese tipo de procesos se extendió hasta pleno siglo XVIII al que alcanza la colonización Española, y sobre los factores que han moldeado la Municipalidad Mexicana, en su concepto occidental, podría formarse a grandes rasgos, desde la antigüedad hasta el pasado siglo XX, el siguiente esquema: 

I. Hasta principios del siglo XVI, la integración de la comunidad indígena. 
II. Desde 1519, introducción del sistema Municipal Castellano, derivado del Romano-Visigótico, modificado hasta cierto punto durante la dominación de los Moros y robustecidos en la reconquista con peculiaridades ventajosas. 
III. Hasta el siglo XVII, la organización colonial del Municipio en coexistencia con los Municipios agrarios indígenas. 
IV. Desde el siglo XVII, se establece el Municipio Castizo, regido en parte por las prácticas y costumbres aquí nacidas, al grado de que el DERECHO INDIANO, con carácter supletorio, ganó muchas apelaciones ante las cortes Españolas, y la influencia de los criollos en el control de los Ayuntamientos. 
V. A fines del siglo XVIII y alternativamente a todo lo largo del siglo XIX, los Ayuntamientos tuvieron la influencia Francesa importada de la Española Napoleónica. 
Prolijo resultaría entrar en detalle al respecto de dicho esquema, pero más adelante mencionaré, así sea someramente, el impacto que este tipo de Gobiernos Municipales tuvieron en el Tuxpan del Virreynato y la Colonia, cuando éste Municipio y otros más de las costas del Golfo de México pertenecieron a la Intendencia de Puebla y sus Alcaldías Mayores residieron en Huachinango, aunque no deja de tener interés el concepto que se tenía de los Ayuntamientos como un cuerpo colegiado integrado como Gobierno de los Municipio para administrar justicia y ordenar lo conducente al pro común. 

El régimen de Intendencia inició la nueva etapa de la organización Municipal, dentro de lo que podría llamarse el ciclo Francés. Las ordenanzas puestas en práctica en las postrimerías del dominio Español, acentuaron la política de centralización, al dejar a los intendentes el control de los Municipios y restar a la vez facultades a los ayuntamientos, que quedaron sujetos a la autoridad de los intendentes. 

Por otra parte la Revolución francesa, en materia Municipal, se debe una renovación de las corrientes. Su reflejo fue saludable al expedir la Ley de diciembre de 1879, que afirmó en Francia la existencia de un Poder Municipal con atribuciones específicas. Junto con los 3 poderes clásicos, el municipio adquirió el carácter de CUARTO PODER, y éste constituyó un importante pero efímero antecedente en la actitud liberadora de los cabildos coloniales. 

En México la Revolución Francesa se reflejó en el orden Municipal proyectando razones al movimiento precursor de la independencia, que enarbolara la bandera de la soberanía popular con la actitud asumida por el Ayuntamiento de la capital que le costó la vida a su Síndico, el Licenciado Primo Verdad. 

Andando el tiempo el modelo municipal francés perdió lozanía popular, jerarquizada su administración en torno a los Prefectos que como delegados a su vez del poder Ejecutivo, administraban los departamentos y los subprefectos administraban a su vez los Distritos. 

El llamado ciclo francés se prolonga en México hasta después de su independencia de España, con la institución de las jefaturas políticas que en México adquirieron una práctica viciosa. 

La institución de los jefes políticos tuvo su origen en la constitución de Cádiz de 1812 que a su vez siguió el modelo francés de la época napoleónica. 

El sistema fue implantado por Napoleón al crear la institución de las prefecturas, por las cuales el prefecto, como delegado del poder Ejecutivo era la autoridad intermedia colocada sobre el Ayuntamiento y bajo la dependencia directa del gobierno. 

Mientras tanto, en el desquiciado Imperio Español, las jefaturas políticas centralizaron la organización y funcionamiento de los ayuntamientos, reduciéndolos a la simple condición de figuras de gobierno decorativas. 

En sus ordenamientos las cortes españolas disponían la existencia de ayuntamientos para el gobierno interior de los pueblos, debiendo integrarse de alcaldes, regidores, un procurador y un síndico, presididos por el jefe político, y el número de los individuos que componían los ayuntamientos era en proporción al vecindario. Se renovaban periódicamente por el sistema electivo. 

De acuerdo con su articulado los ayuntamientos tenían a su cargo la policía de salubridad, la seguridad pública y el orden, la instrucción primaria, la beneficencia en su aspecto municipal, pavimentos y en lo general todas las obras púbicas de necesidad, utilidad y ornato. Además expedían las ordenanzas municipales y atendían a la recaudación y al manejo de las rentas locales, al fomento de la industria y el comercio local, y a vigilar la calidad de los comestibles, agua potable, abastecimiento y estadística de nacimientos, matrimonio y etc. 

Cada provincia estaba a cargo de un jefe político y de la diputación respectiva, compuesta de su presidente que era el jefe político, del intendente y de 7 individuos. Conforme a la “instrucción para el gobierno socio-económico-político de las provincias”, los jefes políticos tenían las siguientes atribuciones: 

Como autoridad superior de cada provincia, cuidaban de la tranquilidad pública, del orden y de la seguridad de las personas y de sus bienes, de la ejecución de las leyes y ordenamientos del gobierno, y en lo general de todo lo concerniente a las funciones del gobierno. 

Podían ejecutar en dicha vía, las penas impuestas por los reglamentos de policía y por los bandos de buen gobierno, y además, calificar y exigir multas a los infractores del orden público. 

Los jefes políticos residían en las capitales de sus respectivas provincias, y en caso de vacante, el intendente hacía sus veces. Ellos eran el conducto para las relaciones entre los ayuntamientos y las autoridades superiores. Tenían facultares además para detener a los que sorprendían in fraganti delito. Calificaban las elecciones de los ayuntamientos y en su resumen detentaban poderes omnimodos y se encargaban de la promulgación y publicación de las leyes. 

Una vez segregado Tuxpan de Puebla e incorporado a Veracruz, SIC: “Junto con todos los Pueblos de su comprensión” a finales del año de 1853, aun cuando los Ayuntamientos se constituyen por la vía de la elección ciudadana, el Gobierno Central continúa ejerciendo el control administrativo y político del territorio a través de sus Prefectos que el mismo designa en cada cantón. 

Esta situación prevaleció hasta en tanto que entró en vigor la LEY ORGÁNICA PARA LA ADMINISTRACIÓN MUNICIPAL DEL ESTADO DE VERACRUZ, decretada el 15 de Diciembre del año de 1874, durante el Gobierno del C. F. Landero y Coss, documento derivado de los textos constitucionales locales, vigentes a partir del año de 1857, más sin embargo no desapareció la figura del JEFE POLÍTICO. 

Dicha ley comenzó por definir a los Ayuntamientos como SIC: “Corporaciones para y exclusivamente desempeñar funciones administrativas, sin que jamás puedan tener comisión o negocio alguno que corresponda a la política, ni mezclárseles en ella: CON EXCEPCIÓN DE LAS FUNCIONES QUE SE LES ENCOMIENDE POR LAS LEYES ELECTORALES. Artículo primero”. 

A la vez, determinó con precisión las funciones de los Ayuntamientos y la de cada uno de los miembros que lo integraran, atendiendo en sus ramos las necesidades de los habitantes de los Municipios en cuestión. 

Más adelante, el 29 de Septiembre del año de 1902, el Gobernador de esa época, el C. Teodoro A. Dehesa, quien años después fuera suegro de nuestro paisano, D. Enrique Rodríguez Cano, expidió la nueva CONSTITUCIÓN POLÍTICA PARTICULAR DEL ESTADO DE VERACRUZ, la cual facultaba al poder Ejecutivo de la Entidad para intervenir en los ayuntamientos y para nombrar a los jefes políticos de los cantones en los que se dividía el Estado, comprendiendo el de Tuxpan las Municipalidades de Temapache, Tamiahua, Tepetzintla, Tancoco, Tihuatlán, Amatlán, Castillo de Teayo y Cazones. 

Por medio del artículo 90 se le otorgaba a dichos jefes políticos el gobierno de cada cantón y en cuanto a las Corporaciones Municipales se establecía lo siguiente: 

Art. 105.- Los Ayuntamientos son corporaciones locales para y exclusivamente (ejercer funciones) administrativas. Con esta ley se ratificaban los términos del Art. 1ro. de la Ley Orgánica antecedente de 1874. 
Art. 106.- Será Presidente del Ayuntamiento, en cada localidad, el Alcalde Municipal. 
Art.107.- Para ser miembro del Ayuntamiento se necesitaba ser ciudadano Veracruzano, vecino del lugar, mayor de edad, tener modo honesto de vivir y los demás requisitos que establezca la Ley relativa; no pudiendo recaer éste cargo en los empleados del Gobierno General, ni en los demás funcionarios públicos de la Federación o del Estado que estén en ejercicio. 
Art. 108.- Estos cargos durarán dos años, serán honoríficos, y no tendrán más recompensa que la gratitud pública. Suspenso un ayuntamiento, entrará en funciones el que lo antecedió. 
En consecuencia, en Veracruz se circunscribió a los Ayuntamientos a una esfera puramente administrativa, y en lo político se instauró la completa centralización del poder, a tono con la época, y a tal respecto resulta obvio suponer que las odiosas Jefaturas Políticas fueron los instrumentos del atentado Constitucional de desplazar la libertad del Municipio a favor de las dictaduras opresoras, y las causas primordiales de la revolución de 1910 fue prácticamente la protesta de los Ayuntamientos contra la dictadura opresora. 

El último Jefe Político que funcionó en Tuxpan, lo fue el Sr. Arturo Núñez, y una vez disuelta esta figura de Gobierno como consecuencia del movimiento Maderista, en el año de 1912 el Sr. Vicente López Buda fue habilitado como presidente de la Junta Administrativa Civil Municipal de Tuxpan.

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