"Una ventana abierta a la historia y cultura de Tuxpan, Ver."

lunes, 11 de junio de 2018

Enrique Rodríguez Cano, el hombre de carne y hueso...


* Desde 1955 es "Tuxpan de Rodríguez Cano"

Por: Salvador Hernández García
Cronista de la Ciudad

El año de 1955 resultó cabalístico y muy significativo para Tuxpan, ya que en su tránsito ocurrieron entre otros; dos sucesos muy notables cuya huella y registro aún perduran en la memoria de los supervivientes de aquellos tiempos. 

Un día 7 de Junio del citado año de 1955, se conoció en Tuxpan la noticia que había fallecido en la Capital de la República, quien a la sazón fungiera como Secretario de la Presidencia de la República, el Sr. Don Enrique Rodríguez Cano, como consecuencia de una aguda crisis de cirrosis hepática, y dos días después de ocurrido su sentido deceso, a través del Titular del Poder Ejecutivo del Estado, Lic. Marco Antonio Muñoz Trumbolt, la Legislatura Veracruzana dispuso que en honor a su memoria, la Ciudad de Tuxpan agregara a su nombre el patronímico de: RODRÍGUEZ CANO, lo cual consignó al tenor del siguiente DECRETO:

“Considerando que el término de la vida de un hombre es el momento indicado para hacer balance sobre su actuación personal en relación con la colectividad, considerando que habida cuenta de las cualidades cívicas del señor Enrique Rodríguez Cano, entre las que destacaron su acendrado patriotismo, su celo hacia el bienestar social, su estímulo a la cultura, su devoción a las virtudes éticas de lealtad y culto a la amistad, como engendradoras del más elevado sentido de armonía colectiva, su alta y eficaz responsabilidad en el desempeño de los cargos públicos que le fueron confiados por el pueblo o por distintas administraciones, siendo relevante su conducta en la actual administración que Preside Don Adolfo Ruíz Cortines, Primer Mandatario de la Nación, y por cuanto que la Ciudad de Tuxpan su tierra natal recibió su constante colaboración para lograr un mayor engrandecimiento tanto en el aspecto moral y cívico, como por las obras materiales que propició, estimuló y patrocinó, es prudente y debido como un acto de estricta justicia, expedir el siguiente DECRETO: SE ESTABLECE QUE A PARTIR DE LA FECHA DEL MISMO, LA CIUDAD Y PUERTO DE TUXPAN LLEVE EL NOMBRE DE “TUXPAN DE RODRÍGUEZ CANO”.
Mucha agua ha pasado desde entonces bajo el puente que él mismo influyó para que se construyera, y lo que ha trascurrido hasta la fecha durante ese lapso, da acceso a viajar a través del túnel del tiempo por conducto de la imaginación, lo cual nos permite tomar conocimiento de que Enrique Rodríguez Cano, nació en la Comunidad rural de Balcázar, Municipio de Tamiahua, de madre Tuxpeña con residencia en Tuxpan, lugar en donde el pequeño Enrique se avecinda y recibe su instrucción primaria en la Escuela Cantonal “Miguel Lerdo de Tejada”, y una vez terminados sus estudios a la edad de 13 años inicia sus actividades públicas como empleado de la Oficina local de la Administración de Rentas del Estado”, de la cual pasado un tiempo es nombrado notificador.

A la vez que trabaja, el joven Enrique estudia una carrera comercial que le permitió graduarse a los 15 años, y es entonces cuando es nombrado como Director de Rentas de la misma dependencia, en la vecina población de Tihuatlán, Ver., para al año siguiente pasar a ocupar el mismo cargo en la vecina Villa de Tamiahua, y hasta el año de 1934 permanece como empleado de la “Administración de Rentas del Estado”.

Ya involucrado en la actividad política e identificado con las aspiraciones del Municipio de Tuxpan, resulta electo Presidente Municipal, cargo que pese a las precariedades presupuestales desempeña con decoro, con una acrisolada honradez y con una sorprendente iniciativa que se tradujo en apreciables mejoras para su población. Tenía el joven Enrique tan sólo 24 años de edad, y a esas alturas se conoce y logra establecer y consolidar una perdurable amistad con el recién electo Diputado Federal por el Distrito Electoral de Tuxpan, Sr. Adolfo Ruíz Cortines, a cuya vera continuó su ascendente carrera política, y cuando ARC alcanza la titularidad del Gobierno del Estado de Veracruz, Enrique Rodríguez Cano, es electo Diputado Local y a la vez Preside la Representación Estatal de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, antecedente de la C.N.C., fundada entre otros por Úrsulo Galván, Graciano Sánchez, Ferrer Guardia y José Cardel.

Su capacidad y desempeño en la función pública,su conducta austera y discreta así como su don de caballero, le permiten penetrar sin cortapisas en mayores espacios y niveles políticos, lo cual le facilita ampliar su cobertura de acción en la Secretaria de Gobernación, misma en la que fungió como oficial mayor al lado siempre del Titular de dicha Dependencia Gubernamental,  Sr. Adolfo Ruíz Cortines, y precisamente en el desempeño de esa función adquirió la necesaria experiencia en la función pública a través del contacto que hizo con los diversos actores políticos del momento, involucrados en los asuntos de la actividad política Nacional, destacándose por la prudencia y discreción que le imprimía a su tratamiento, y seguramente por esos atributos que en la política son considerados como la onza de oro, le valieron ser designado Secretario de la Presidencia de la República, cuando Don Adolfo Ruíz Cortines alcanzó la >Primera Magistratura de México, cargo que por cierto sólo tuvo la oportunidad de ejercer a partir del año de 1953, para dos años y medio después de fallecer a temprana edad, víctima de la mortal enfermedad del cáncer. Así ERC rindió tributo a la madre tierra a la edad de 43 años, en plena flor de su creatividad, y lo demás… Lo demás es historia poco conocida o en otro caso historia que por ser bastante conocida se calla. 

En comentarios anteriores me he referido a los mitos que han sido creados en ciertos círculos políticos locales para sacralizar figuras de las que en su oportunidad fueron afines, y de cuyo recuerdo se valen para tratar de conservar sus situaciones de privilegio, y si en su oportunidad los oficiantes de ésta práctica se valieron de íconos tales como el mismo Enrique Rodríguez Cano, después de Jesús Reyes Heroles, Pericles Namorado Urrutia y Demetrio Ruíz Malerva, ante la crisis de nuevos valores de martirologio susceptibles de ser colocados en los nichos de la adoración, continúan cobijándose bajo la sombra de los ya nombrados.

Y es que en realidad quienes de una u otra forma vivieron los tiempos de la euforia Rodríguezcanista, más cuidado tuvieron de arrimarse a la sombra protectora de los Enríques en flor, que de expresarle en forma objetiva y sincera, desprovista de apasionamientos, aquellos errores que él, como simple mortal cometió u obviamente pudo haber cometido, y Don Enrique no fué, ciertamente, la excepción de la regla, y quizá su más grande error haya sido el de saberse rodeado de un gran número de pillos, aventureros y pediches, y todavía consentirlos hasta que estos le agilizaron el trámite para llevarlo a la tumba.
De ello naturalmente se aprovecharon muchos chambistas y vivales que se improvisaron hasta en contratistas, y cuando físicamente desapareció el ilustre varón, lo convirtieron en leyenda, en un mito, para perpetuarse junto con el mismo, y tejieron una especie de velo tras el cual se ocultaron para no ser descubiertos en sus trapacerías. La actitud cortesana, abyecta y rastrera, sirvió en forma idónea para que la historia auténtica se distorsionara y todos sus protagonistas quedaran dentro de ella con títulos ilegítimos y falsos y hasta los bastardos alcanzaron un impostado pedigree.

Basta con que traigamos a la memoria todos aquellos lugares e instituciones que llevan el nombre Rodríguez Cano, para que tengamos una proporción exacta de la aparatosa ola de servilismo que alcanzó casi dimensión institucional, y que ahora, al correr el tiempo se ha diluido a grado tal que el orfeón de aduladores, ni siquiera tienen presente que ellos mismos cavaron la tumba de Rodríguez Cano con su acoso, y en el presente sus coetáneos sobrevivientes y sus sucedáneos presentes, se encuentran preocupados por aferrarse a nuevos mitos, a nuevas leyendas, en cuyo caso están disponiendo de la memoria de los Licenciados Jesús Reyes Heroles, Demetrio Ruíz Malerva y Pericles Namorado Urrutia.

Y lo grave no estriba en el acto en sí, sino en el fondo del mismo, porque ello refleja el grado de desesperación que induce a los cortesanos a buscar las más peregrinas fórmulas de permanencia política, y en el caso de aquellos impostados “Rodriguezcanistas”, que aún buscan con afanes dignos de mejor causa, los medios y remedios susceptibles de borrar los de suyo imborrables recuerdos y hechos históricos a nivel local, en los que tuvieron participación muy importante para destrozarle el hígado a Rodríguez Cano hasta causarle la cirrosis que lo llevó a la tumba, evidencia, también por otro lado, la ausencia notoria de juicios sensatos pero honestos, acerca de la personalidad y trayectoria del hoy extinto político Tuxpeño, que pudieran haber permitido, en forma equilibrada, calibrar toda su vida como servidor público, porque lo cierto es que hace tanto daño a la memoria del político ausente, callar los posibles aspectos negativos que pudo haber tenido en su existencia, como puede causarlo el hecho de intentar colgarles etiquetas de sacrílegos a quienes cometen “La imprudente osadía”, de interesarse en conocer la verdadera historia de la personalidad de Enrique Rodríguez Cano.

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