"Una ventana abierta a la historia y cultura de Tuxpan, Ver."

lunes, 16 de julio de 2018

Carta sin sobre, remite: El Río Tuxpan

 * Destinatario: Los Tuxpeños 

Traduce: Salvador Hernández García 
Cronista de la Ciudad 

DISTRAÍDOS PAISANOS: Con una mezcla de tristeza y decepción pero no con resignación, me dirijo a todos ustedes sin importar sexo, ni edad, ideología política u ocupación, para solicitárseles y en caso necesario exigirles, que ya dejen de agredirme contaminando mis aguas y el cauce que es la misma savia líquida que a través de los años o más bien de varios siglos han constituido los nutrientes que han alimentado a muchas generaciones de Tuxpeños, entre las que se incluye la presente. 

Y para que ustedes puedan ser capaces de reflexionar sobre mi justa protesta, y a efecto de que me valoren en mi exacta dimensión, considero que no les vendría sobrando conocer un poco de mi historia que es la misma de sus ascendientes y la suya propia, y con el propósito antedicho principiaré citándoles que mi nombre huasteco es: TANCUPO AMOYO. 

Mi origen se pierde en la intangibilidad de los tiempos y acerca de ello solo se que las fuentes que forman mi caudal provienen de mis afluentes, los ríos Vinasco y Pantepec, que a su vez nacen en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, en los límites de los estados de Hidalgo, Puebla y Veracruz, en cuyas regiones prevalece un clima regular templado, abundante todo el año en lluvias, con lo cual se asegura mi suministro. 

Mis afluentes, al descender de las montañas se presentan en numerosos rápidos, y al llegar a la llanura costera se unen para integrarse… ¡Al fin! como se me conoce ahora, como el RÍO TUXPAN, a partir de un punto conocido como: LAS AJUNTAS, ubicado cerca de los límites de los municipios de Álamo-Temapache y Tuxpan. 

En mi curso, a partir de las llanuras costeras, desde mi confluencia hasta mi desembocadura, represento las características geomorfológicas siguientes: hasta el poblado de Tumbadero, me presento en saltos rápidos y mi lecho lo conforman cantos rodados y gravas gruesas, y presento un curso meándrico propio de mi etapa de senectud. Hasta ahí mi anchura es de aproximadamente 40 metros, en época de estiaje y al continuar mi curso a la altura en donde me bifurco con el estero de “El Palmar”, mi relieve presenta una serie de lomerios y meandros que se pierden a unos doce kilómetros, y a esa distancia el lecho está constituido por arena gruesa y presenta una anchura aproximadamente de 200 metros. 

A partir de ese tramo se vuelve a hacer presente mi senectud, lo mismo que después del estero antes mencionado, por varias razones. Mi lecho está formado ya por areniscos y limos y he definido perfectamente mi curso, y al llegar al recodo alcanzo ya mi máxima expresión con una anchura hasta de 400 metros. Y en mis riberas y espacios adyacentes, sobre mis márgenes izquierda y derecha, respectivamente, se asientan la ciudad de Tuxpan, con la cual coincido en mi actual nombre, y el legendario poblado de Santiago de la Peña, y después continuo mi curso otros diez kilómetros, hasta que desemboco en el mar, variando mi anchura entre los 300 y 400 metros, y casi alcanzo los 500 cerca de mi desembocadura con el mar. 

En resumen puedo asegurar que poseo un curso de 67 kilómetros, 48 de ellos navegables, y mi anchura como antes quedó explicado, varía entre los 40 y 400 metros, y estoy integrado a una cuenca hidrográfica de 5 mil 818 kilómetros cuadrados. 

Durante mi curso, le doy vida a trece hijos que son los trece esteros que llevan los nombres de: Claudio, Ojite, El Palmar, Zapotal, Chijolar, Tuxpilla, Juana Moza, Tenechaco, Palma Sola, La Calzada, Jácome, Tumilco y el Salado, y dentro de los más navegables por su desarrollo, profundidad y la boca de los mismos se cuenta el Chijolar con más de 9 km de desarrollo y hasta 5 metros de profundidad, y a un kilómetro de mi desembocadura me bifurco sobre mi margen izquierdo hasta unirme con la Laguna de Tampamachoco, a la que le ayudo a oxigenar sus 24 kilómetros cuadrados de superficie. 

Esa es mi identidad, esas son mis características físico-hidrológicas, mi definición de ser y estar, y tal como se podrá advertir, la naturaleza, con su sabiduría de madre vieja, nada lo dejo al azar. De manera que ya estaba yo aquí cuando aquellos pueblos de donde ustedes provienen llegaron para asentarse en mis acogedoras riberas… y quiero que sepan que fui testigo presencial de su evolución e historia,de su proceso biológico que de pueblo antiguo respetuoso de la naturaleza, se ha ido transformando a través del tiempo hasta degradarse como un conglomerado humano de depredadores de la flora, de los cuerpos de agua, de los ecosistemas y de ustedes mismos. 

Se nombraban así mismos con mucho orgullo como HUASTECOS, supe al igual que aquellos que descendían de los Mayas, como consecuencia del paso y asentamiento transitorio que hizo esa raza aquí, en su histórica migración hacia el Sur peninsular y el área Centroamericana. 

Los sentí transitar primero y asentarse en mis ribazos después. Fui pródigo con ellos, los acogí amoroso y les serví sin límites. Mis ribazos de TABUCO aposentaron sus hogares; los bosques de mis riberas y mis polvos hechos lodo les dieron techo y refugio, así como también mi cuerpo líquido les proporcionó el necesario sustento a través de la caza y de la pesca… después pasaron por aquí otros migrantes. Les llamaron TOLTECAS y se asentaron también sobre mis riberas, casi a la mitad de mi curso navegable, a la altura de un poblado conocido como: EL XU-CHITL, en el cual tengo depósitos de mantos freáticos de donde provienen las aguas que hoy el día ustedes utilizan en sus hogares en beneficio de sus familias. 

Y ya les dije de ellos, de los TOLTECAS, que en su migración hacia el altiplano en donde fundarían la GRAN TOLLAN, se asentaron transitoriamente en la parte colindante de la TOCHPA entre los años 600 y 800 D.C. y dentro de esa amistosa relación entre ellos y los Huastecos, se dio el proceso de simbiosis que dio lugar a que ambos pueblos compartieran los conocimientos de unos y otros, quedándoles a los nativos como herencia las artes de la lapidaria, el tejido y la alfarería,, y conocieron así mismo de aquellos, las técnicas de la agricultura hidráulica primitiva con el aprovechamiento de empuje de mis corrientes. ¡Fui la savia elemental de sus sustentos!, fui junto con mis vegas y mi poder germinal, quien les posibilitó cultivar su maíz, frijol, calabaza, chiles y otros alimentos, además del algodón que junto con la pieles les dieron vestido, y en su práctica de las artes de la pesca, mi cuerpo líquido les sirvió de depósito y vivero, y a la vez, fue el testigo mudo de sus cultos religiosos. 

Observé así mismo los frecuentes y amistosos contactos que se dieron entre los huastecos y sus vecinos Totonacas, y por contraste también fui obligado testigo involuntario de las frecuentes incursiones intrusas de los pueblos indios que llegaban del altiplano, como lo fueron los sucesores de los Toltecas, conocidos estos como los CHICHIMECAS del Gran Señor XOLOTL quien después del año mil doscientos de la Era Cristiana, como ustedes le llaman, reinaba antes en el valle del Anáhuac.  
Aquí discurrieron también junto con los Huastecos, los nativos de esa raza Chichimeca compartiendo su culto hacia la serpiente emplumada, QUETZALCÓATL, y aquí mismo nació la leyenda de la inevitable llegada a estas tierras del hombre blanco y barbado que arribaría por mar. Aquí pasaron, cazaron, pescaron y navegaron sobre mi cuerpo líquido todos ellos y me ufano de haber conocido y bañado con mis aguas por aquel tiempo cristalinas, libres de impurezas los cuerpos del Gran Chichimecatl XOLOTL y de su esposa la gran señora de Tamiahua, TOMIYAUH, quienes procrearon a sus hijos NOPALTZIN y XICOHUAC, o “Flor de la Huasteca” y TLOTZIN. 

Más tarde, a mediados de los mil cuatrocientos cuarenta y ocho años, atestigüé las incursiones punitivas e intrusas de los belicosos Meshicas de NEETZAHUALCÓYOTL y de MOCTEZUMA ILHUICAMINA, que terminaron conquistando para sí estas tierras y sujetando a sus pobladores pero también tuve constancia que durante ese largo proceso de sujeción terminaron mezclándose con ellos en lo étnico, acriollándose en sus costumbres, cultos y además, a todos ellos, sin discriminar a nadie ni a ninguno, les brindé mis generosas fuentes que apoyaron sus sobrevivencia. 

Luego después, ya en lo que según su cronología apuntan como el año de 1516, hoyaron mi seno las naves Hispanas de Francisco Hernández de Córdoba… fue el preludio de la Conquista, que se tradujo en la secuente sumisión de los naturales en beneficio de los invasores blancos y barbados, llegados de allende la mar. 

Consumada la conquista, hay registro y doy constancia de ello porque se me menciona, de que años después en una visita pastoral realizada a TABUCO-TOCHPAN por el Obispo Auxiliar de Tlaxcala, Alonso de la mota y Escobar, éste en sus memoriales me alude en la siguienteforma: “Llegué a este famoso Río de Tancupo-Amoyo, que es muy ancho, hondable, de buena agua y muy buen pescado. Tiene aquí una pesquería don Andrés Tapia. Después de comer bauticé con sus aguas a 75 criaturas de indios y negros”… mis aguas, pues, constituyeron también el principal elemento para convertir a los naturales en los primeros cristianos. 

Mucho tiempo después, ya constituido Tabuco-Tochpan en un importante lugar conocido a esas alturas como Tuxpan, se instalaron en mis riberas de Santiago de la Peña varios astilleros en donde se fueron construyendo la mayoría de las embarcaciones que surcaron las Costas del Golfo de México y que contribuirían a su desarrollo como Puerto. Los bosques de mis riberas, además de sus frutos, produjeron maderas preciosas, tales como: el cedro, la caoba, el ébano, el chijol, la Alzaprima y otras… también acogí en el seno de mis riberas y vega otros sembradíos, contándose entre sus variedades el algodón, la caña de azúcar, la zarzaparrilla, el palo de tinte, la pimienta, la palmilla, el chico-zapote, los chiles, las legumbres, el plátano y toda clase de frutos y especiería, mientras que por otra parte me signifique como un manantial inagotable de producción pesquera para consumo y venta de sus ancestros, y en mis riberas a la sazón aún vírgenes y semidespobladas, constituí el nutriente de una variada fauna de pelo y plumas que diversificó su alimentación y ante el conocimiento pleno de tales antecedentes, yo les pregunto a todos: ¿Habrá alguien que siga ignorando que a través de los siglos he sido origen y fuente, base, sustento y principal factor de desarrollo, de la evolución permanente de las sucesivas generaciones de los Tuxpeños, a partir de su génesis como Huastecos?... 

Desde luego que nadie puede ignorarlo luego entonces, ¿Habrá quien pueda explicarme o justificarlo porque nadie toma en cuenta tan contundente antecedente, y antes al contrario con la más despiadada ingratitud me agreden contaminándome y contribuyendo ¡todos! a mi destrucción; a apresurar mi proceso de senectud convirtiéndome previamente en su basurero a cielo abierto. 

No se advierte, el menor asomo de agradecimiento ni la más ligera muestra de gratitud para conmigo. Nadie se molesta en preservarme y hasta quien directamente no me arremete, al no molestarse en impedirlo se hace cómplice con su indiferencia. Me contaminan y hacen todo lo posible por acabar conmigo. Por negligencia o irresponsabilidad (que para el caso da lo mismo), me colman de inmundicias y me destinan como basurero a cielo abierto y letrina receptora de químicos de materias ferrosas de sedimentos de hidrocarburos y heces fecales, cuyo conjunto nocivo marchita mi flora y asesinan la fauna que se alimenta de mi vientre. 

Nadie se molesta en impedir que se me agreda y se me humille en forma tan criminal, a mí que he sido el espejo de su paisaje y la sonrisa de la Ciudad día tras día languidezco en mi interminable agonía, y me resisto a creer que de tan ruin manera se me corresponda a las bondades que les he brindado a los Tuxpeños a través de los siglos. 

Ya no soy ni siquiera la caricatura en la actualidad, de aquel “FAMOSO RÍO TANCUPO AMOYO. MUY ANCHO, HONDABLE, DE BUENA AGUA Y BUEN PESCADO” del que hace mención aquel Obispo en sus memoriales. Ahora soy un basurero flotante y la letrina de un pueblo que pretende ignorar que la madre naturaleza suele cobrar la factura a quienes le agreden. 

Y sin embargo y pese a tan mal pago, yo no deseo que esto ocurra, porque todavía guardo esperanza de que en el interior del conglomerado humano que habita Tuxpan, se encuentre el número suficiente de personas poseedoras del elemental y necesario sentido común y nobleza para acudir a mi rescate. 

¡Que así sea, por el bien de todos! Porque si me muero yo, paisanos Tuxpeños… ¡Empezarán a morir ustedes! 

Primavera del año 2018.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Temas Ecológicos

¡Bienvenidos!

Este es un sitio web de carácter informativo, donde el Cronista de la Ciudad y Puerto de Tuxpan de Rodríguez Cano, Veracruz, realiza publicaciones sobre sus distintas actividades, así como las del Consejo de la Crónica Municipal, además de abordar diversos temas de interés general, particularmente sobre los orígenes de Tuxpan, aunado a los artículos de opinión y colaboraciones que contribuyen a preservar y engrandecer el acervo cultural e histórico de Tuxpan, así como difundirlo y arraigarlo entre las nuevas generaciones.