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lunes, 17 de septiembre de 2018

Hace 63 años en Tuxpan: Un septiembre con inundación

 
Por: Salvador Hernández García
Cronista de la Ciudad


Transcurría el mes de septiembre del año de 1955, y por aquella fecha se desempeñaba como Presidente Municipal de Tuxpan, el Sr. Celestino Basáñez González. El H. Ayuntamiento estaba instalado en un edificio de 2 pisos ubicado en la calle Gral. Jesús González Ortega, precisamente donde esta rúa confluye con la calle Melchor Ocampo.

Llegado el 15 de septiembre y de acuerdo con la tradición, las Autoridades Municipales –con muchos apuros, por cierto- organizaron el evento conmemorativo, a pesar de que una lluvia continua no cesó de precipitarse sobre Tuxpan y la Región durante todo ese día, empero, no obstante las limitaciones del caso el evento se celebró, y los más viejos de la comarca todavía recuerdan el hecho anecdótico de que, cuando el orador en turno que tuvo a su cargo el relato de los inicios de la lucha insurgente, el por aquel entonces fogoso jovenazo, Lic. Luis López Casanova, tan pronto como concluyó el discurso oficial, sin mayores formalidades le recomendó a su empapada audiencia que se regresaran a sus casas “a asegurar sus tiliches” porque  el asunto se estaba poniendo K. Brow.

En los días siguientes las costas del Golfo de México y particularmente el litoral Veracruzano, fueron azotados sucesivamente por los ciclones “Hilda” y “Janet”, ocasionado ambos meteoros, además de las violentas rachas huracanadas interminantes aguaceros, cuyos efectos combinados aumentaron el volumen y cauce de los cuerpos de agua de las vertientes implicadas.

En la región Huasteca los ríos que en mayor medida acusaron los efectos de los mencionados fenómenos meteorológicos, fueron el Pánuco, el Tamesí, el Tuxpan y sus afluentes, los cuales, al aumentar el volumen de sus cuencas y rebasarse en su caudal, se salieron de madre inundando a los pobladores ribereños y muchos del interior.

En el caso de la Ciudad porteña de Tuxpan y las rancherías y congregaciones de su municipio, las copiosas lluvias que se dejaron sentir interminantemente sobre su superficie durante por lo menos los últimos 15 días del referido mes de septiembre, causaron que estas fueran rebasadas por el agua acumulada, y al manifestarse en torrente, particularmente en el recodo en donde termina el curso meándrico del Río Tuxpan, y en cuyas márgenes se asientan precisamente la ciudad de Tuxpan,  y la más poblada de sus congregaciones, Santiago de la Peña, el ímpetu de la corriente de agua y la palizada que esta arrastró consigo y que se acumuló en las bocacalles de la Ciudad formando inesperadas represas, trajo como consecuencia la súbita inundación integral de Tuxpan, a partir de un fatídico día 30 de septiembre del año de 1955.

Los estragos que ambos meteoros causaron, además de las pérdidas físicas consecuentes, se tradujeron en incalculables daños materiales, por principio de cuentas la población se vio obligada a soportar la carencia de los más indispensables servicios públicos, como lo fueron la falta de agua potable, comunicaciones internas y externas, etc.

Por otra parte al quedar rebasada por las aguas estacionadas la red general de drenaje y alcantarillado, la insalubridad hizo acto de presencia debido a los sedimentos de escombros y de aguas negras acumuladas, mas sin embargo pese a ello no se manifestaron brotes epidémicos, gracias a las medidas preventivas que organizó y puso en práctica la población afectada que así mismo tuvo la capacidad para implementar un operativo que, además de evitar y prevenir actos de pillaje, saqueo y posibles acciones vandálicas, tuvo la atingencia de instrumentar estrategias que evitaron la especulación de los alimentos básicos y demás.

Después de que por más de una semana en que las aguas cubrieron las partes planas de la Ciudad, hasta por una altura de 2 metros y una vez que volvieron a su nivel normal, la fisonomía de Tuxpan vario abruptamente, ofreciendo un deprimente aspecto de destrucción.

Muchas familias perdieron sus viviendas y el interior de las más sólidas que lograron quedar en pie, se vieron cubiertas en su interior por una variada mezcolanza de sedimentos. Las calles estaban fracturadas en su pavimento, y se habían cubierto de una enorme cantidad de lodo, palizadas, escombros, planchas de concreto y hasta de restos de animales muertos, y en las partes altas se habían refugiado una gran cantidad de ratas, culebras, y todo tipo de bichos y sabandijas.

Ante ese espectáculo la reacción oficial no se hizo esperar, ya que muchas personalidades de la “diáspora” Tuxpeña ocupaban posiciones de privilegio en los gobiernos Estatal y Federal, aunque recientemente había fallecido (mes de Julio de 1955) Don Enrique Rodríguez Cano, a quien el Presidente de la República, Don Adolfo Ruiz Cortines le tuvo un especial afecto.
Y fue así como por instrucciones directas del Presidente Ruiz Cortines, se inició de inmediato la Rehabilitación de la Ciudad, así como la organización de las labores de asistencia social, y en esas tareas tuvieron una destacada labor los Tuxpeños radicados en el exterior. Mención aparte merece así mismo, el apoyo incondicional que sobre el particular proporcionó la superintendencia Regional de Pemex a cuyo frente estaba por aquellas fechas el Ing. Jaime J. Merinos, y la de la Barra Norte a cargo del Sr. Don Álvaro Lorenzo Fernández.

Finalmente la contingencia fue superada y con el correr del tiempo Tuxpan retomó su ritmo de vida normal, quedando sólo para la anécdota el mal recuerdo del paso por Tuxpan de los ciclones “Hilda” y “Janet”.

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