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lunes, 12 de noviembre de 2018

El Gral. Santa Anna y el Escuadrón de Combate "Los Cívicos de Tuxpan"

Por: Salvador Hernández García 
Cronista de la Ciudad

En la azarosa historia bélica de México se registra un hecho de armas poco conocido pero no por ello menos significativo, ocurrido en el México Post Independiente (1829), en el cual se vieron involucrados los Tuxpeños de ese tiempo, y ¿Qué mejor pretexto que la celebración de las fiestas del Bicentenario para traerlo a la memoria?. Así explicado permítaseme entrar en materia a renglón seguido. 

Una vez celebrado el Congreso Constituyente de la Nación Mexicana (Nov. 19 de 1823), expedida el acta de la Federación y reconocido Veracruz como uno de los (24) Estados Libres y Soberanos de la naciente República, procedió a organizarse como tal, de acuerdo con los lineamientos contenidos en dicha acta constitutiva. 

Críticas eran las circunstancias reinantes en todo el territorio Nacional, particularmente en Veracruz a principios del año de 1829. A la sazón, el Gobierno Veracruzano cuyo titular del ejecutivo lo era el Gral. Antonio López de Santa Anna, estaba enterado de que en la Habana Cuba, se preparaba una expedición española de reconquista, por lo que se consideró conveniente establecer en cada cabecera una Junta Patriótica para colectar fondos en sus correspondientes Demarcaciones. La de Veracruz quedó integrada por Don Antonio Juille Moreno, Pedro Pablo Vélez, José María Serrano, Manuel Villa y Cossio, Juan Antonio Unzueta, Pedro José Echeverría, Ramón Cardoso y Juan D. Arizmendi. 

La situación política y socio-económica reinante en la Nación no podía ser más deprimente. Su ejército en bien triste estado; sus cuerpos carentes de oficio en el desempeño de sus cargos; la hacienda pública exhausta y sin esperanzas de recuperación y encima de esto el amago de una invasión extranjera.

Ya para fines del mes de Mayo de 1829, y por informes del cónsul Mexicano en Londres, de dos capitales de barcos mercantes y de cartas recibidas por las casas de Pasquel y Muñoz de la ciudad portuaria de Veracruz, sabía ya el gobierno de México que en la Habana Cuba, todo estaba dispuesto para que de su puerto zarpara la expedición Española para invadir a nuestro País. 

En efecto, en el puerto de la Habana, todo eran aprestos bélicos, guerreros de mar y tierra, se aprestaban para una expedición de cuyo éxito no dudaban. Unos cuantos días de que ésta zarpara, circuló una proclama de su Capitán General, en la que se trataba de persuadir a los Mexicanos, de la “Convivencia de volver a someterse al paternal yugo de Fernando El Deseado” para evitar así la anarquía que se enseñoreaba de México. Esta insensatez, ésta demencia supina de un monarca abyecto y de un comandante imbécil, sería respaldada por un ejército de 3,000 hombres escoltados por un navío de línea “El Soberano”, las fragatas “Restauración y Lealtad”, el bergantín “cautivo” y varias lanchas cañoneras hasta hacer 48 unidades, todo ello a las órdenes del General Isidro Barradas y del Almirante Laborde, y fue así como el 5 de Julio del citado año de 1829 se hizo a la vela la expedición Española que se denominó DE VANGUARDIA, por suponerse que en España se preparaban otra de mayor envergadura, y el 27 de ese mismo mes la flota Española fondeó en “Cabo Rojo”, en donde por cierto tuvo que permanecer inactiva como consecuencia de un fuerte “norte” que los expedicionarios se vieron obligados a soportar. 

En vista de la certidumbre de que el enemigo ya había pisado playas Mexicanas, el Gral. Santa Anna quien fungía como Gobernador y Comandante Militar de Veracruz, marchó de Xalapa para disponer la defensa de aquella plaza y tomar providencias para no ser sorprendido. 

La noticia del desembarco de los Españoles se recibió en Veracruz por aviso oficial enviado desde TUXPAN, el cual llegó a las diez de la noche, hora en que Santa Anna mandó a repicar las campanas y a tocar dianas en los cuarteles, lo que sobresaltó a los vecinos que en gran número se reunieron en la plaza para enterarse de la causa de tal suceso, y entonces Santa Anna les dirigió la siguiente arenga:  “Mexicanos, han desembarcado en “Cabo Rojo” los Españoles, y estamos tan distantes de temerlos, que por el contrario, quiero que desde éste momento celebréis el triunfo de nuestras armas; yo he de marchar sobre ellos, y no dudo daros pronto un buen día”. ¡Vaya temeridad de Santa Anna, que a esas alturas ignoraba los efectos que traía Barradas consigo!.

Como quiera que haya sido la actividad de Santa Anna se acrecentó como los acontecimientos y dictó providencias encaminadas a reunir tropas, dinero, buques, y cuanto fuera necesario para acometer la empresa, pues todo faltaba. Reunión en la plaza un poco más de mil hombres de los batallones 3° y 5°. Permanentes que residían en Xalapa y compañías de preferencia del 2° y 9° batallón del activo de “Tres Villas” residente de Orizaba. 

Después de haber puesto en marcha por la costa 200 caballos y tiras de mulas aperadas para seis piezas de artillería que llevaría por mar, y dispuesto a marchar con sus tropas por la vía marítima y sin orden, designación o autorización del Presidente de la República, Gral. Vicente Guerrero, Santa Anna se hizo a la mar con rumbo a Tuxpan. Ciertamente no existía aún la Marina Nacional, pero en su tránsito hacia Tuxpan Santa Anna la creó, protocolizando su constitución en un paraje costero del Golfo de México, ubicado entre el Faro de “Punta Delgada” y la comunidad de “Palma Sola”. En ese sitio hoy en día existe un poblado que lleva precisamente el nombre de Santa Anna. 

Pese a las circunstancias Santa Anna se sobrepuso a todos los imponderables. Formó cuadrillas para atravesar el seno Mexicano, supuestamente vigilado por las poderosas embarcaciones de los enemigos. El número y capacidad de su flotilla consistía en lo siguiente: La goleta Mercante “Luisiana” fue habilitada como de guerra, y en ella viajaron el propio Gral. Santa Anna, su estado Mayor y la Banda de Músicos del 2do. Batallón; la goleta “Félix” llevaba a bordo 120 soldados; el bergantín goleta “Trinidad” 104; la goleta “Concepción” 57; la goleta “Iris”, 40; el bergantín goleta americano, “William”, 209; la goleta “Splendid”, 181; la goleta “Úrsula”, 157; y las lanchas destroncadas “Campechana”, 54; “Flor de Mayo”, 50; “Veracruzana” 30; “Obusela”, 30 y la “Chalchihuecan”, igual número de soldados. Un bongo, dos paraguas y tres botes de pescadores completaban las embarcaciones y los efectivos en tropa que debían proteger a los invasores  el suelo Mexicano. La marcha de éstas fuerzas y el modo con que lo verificaban llenaron de entusiasmo a los buenos Mexicanos. En ésta ocasión el Gral. Santa Anna mostró todo su carácter desplegando a la vez su genio y actividad. 

Esta escuadrilla arribó felizmente al puerto de Tuxpan el once de Agosto del nombrado año de 1829, donde fueron reunidos numerosos recursos y canoas. Muchos elementos de la tropa original llegaron a Tuxpan enfermos de disentería y de fiebres intermitentes, por lo que Santa Anna se vio obligado a instalar un hospitalillo en su campo militar provisional que ubicó en un paraje que hoy se conoce con el hombre de “Congregación el Higueral”, recibiendo por parte de la “COFRADIA DE LAS BENDITAS ANIMAS” un recurso económico dispuesto para “el aseo de sus tropas”. Por otra parte las bajas que habían sufrido las tropas, fueron suplidas con improvisados elementos humanos reclutados en la localidad quienes una vez abanderados fueron denominados como “EL ESCUADRON DE COMBATE LOS CIVICOS DE TUXPAN”. 

Se cuenta que después de varias escaramuzas libradas por las tropas de Santa Anna e Isidro Barradas, finalmente la batalla decisiva que se libró entre ambas fuerzas en los terrenos de la Hacienda “Doña Cecilia” en donde hoy en día se ubica Ciudad Madero, Tamaulipas, se pronunció a favor de las tropas del Gral. Santa Anna. En el parte de novedades se registró que el denominado “Escuadrón de Combate, los Cívicos de Tuxpan” tuvo una meritoria participación, lo que originó que con mérito en ello, al siguiente año de 1830, a la aldea de Tuxpan se le concediera el Título de “Villa”.

Tal fue la zaga histórica del Gral. Santa Anna y “Los Cívicos de Tuxpan”. 

SIC: “ANUMBLASE MIS RECUERDOS DE ESA EPOCA PARA REAPARECER UNA NOCHE DEL AÑO DE 1829”.
“LA CIUDAD DESPERTÓ A DESHORAS DE LA NOCHE AL ESTAMPIDO DEL CAÑÓN A LOS REPIQUES A VUELO DE LAS CAMPANAS DE TODAS LAS IGLESIAS, A LA ILUMINACIÓN ESPLÉNDIDA DE LA ÚLTIMA CHOZA Y DE LOS MAS LEVANTADOS PALACIOS, A LOS VITORES, AL REGOZIJO INMENSO DE TODAS LAS CLASES DE LA SOCIEDAD”.
“LA RENDISION DE BARRADAS”, GRITABAN, CORRIENDO EN TODAS DIRECCIONES LOS VENDEDORES DE PAPELES: LAS GENTES SE ABRAZABAN SIN CONOCERSE; LOS TENDEROS, EN SUS PUERTAS, DESTAPABAN BOTELLAS Y BRINDABAN CON EL PRIMERO QUE PASABAN; LAS DIANAS SE ALBOROTABAN: LOS COHETES ATURDÍAN Y A VECES EL PLACER SE PARECÍA AL REMEDO DE LA TEMPESTAD”.
“EN EFECTO, ISIDRO BARRADAS  Y SU QUIMERICA INVASION DE RECONQUISTA DE MÉXICO, HABIAN FRACASADO EN TAMPICO (EN LOS TERRENOS DE LA HACIENDA “DOÑA CECILIA”) EN LAS PLAYAS DE “CABO ROJO” Y “PUEBLO VIEJO”) EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1829, Y LAS BANDERAS QUITADAS A LOS INVASORES Y CONDUCIDAS A MÉXICO POR LOS OFICIALES DOMINGO SOTO, WOLF, STAVOLI Y BEROSKI, INCLINABAN EL CUELLO EN LOS BALCONES DEL PALACIO NACIONAL AVERGONZADAS DE LA LOCURA DE LOS PARTIDARIOS DEL TRONO Y DEL ALTAR”.
FUENTES DE INFORMACION: “HISTORIA DE VERACRUZ”, TOMO IV. PÁGINAS 176, 177 Y 178
AUTOR: MANUEL B. TRENS
“MEMORIA DE MIS TIEMPOS” PÁGINA 67
AUTOR: GUILLERMO PRIETO

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