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jueves, 22 de noviembre de 2018

El “regalo” que Fidel Castro obsequió, luego de su histórica visita a Tuxpan…

VARIEDADES 

Por: Camilo Hernández. 

Ahora que se conmemora el 62 Aniversario de la Partida del Yate Granma de Tuxpan hacia Cuba (playa Las Coloradas), agradecemos al director del Instituto Cultural Tuxpan Universal (ICTU), Carlos Lozano Medrano, la gentileza de compartirnos el gran anécdota de su cuñada Hilda Lucia Bravo Bonilla, durante la visita que hiciera el extinto líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz al Museo de la Amistad México-Cuba en Santiago de la Peña, aquel histórico 4 de diciembre de 1988. 

Don Carlos Lozano Medrano, quien es un conocido tuxpeño radicado en la Ciudad de México, en el interesante artículo que escribió al respecto, hace una descripción muy clara y detallada de aquel encuentro que marcó para siempre la vida de su familia, por un regalo tan inesperado y de un inmenso valor.
“El 1 de diciembre de 1988, el comandante Fidel Castro es invitado a la toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari como Presidente de México y a su vez el día domingo 4 de diciembre volvió a Tuxpan-Santiago de la Peña, Veracruz, por primera vez después de que de ahí salió en 1956. 

La casa de donde partieron los cubanos, ese día se reinauguraba como Museo de la Amistad México-Cuba. La expectativa por su visita era enorme entre la población tuxpeña. Una espera llena de alegría. El gentío se desbordaba sobre la avenida Álvaro Obregón y la orilla del río Tuxpan por el rumbo de La Punta, todo mundo quería verlo y realmente conocerlo. 

Entre ese maremagnum, mi cuñada Hilda Lucia Bravo Bonilla se había colocado en primera fila –vivía con mi hermano Jorge y sus tres hijos: Hildita, Jorgín y Robertoche en la calle de Riva Palacio 9, domicilio de mis papás, ahí en Santiago de la Peña-. Gente de seguridad impedían la entrada a las instalaciones del Museo, pasaban los minutos y seguía la espera. Ella observó tres ramos de flores que personal de seguridad les habían solicitado a tres edecanes para su revisión, en algún momento serían entregados a los distinguidos huéspedes. 

De repente empieza el oleaje humano, se escucha el ¡ya viene!, lógicamente había varios visitantes y toda una comitiva, pero la realidad es que era uno el que interesaba, uno el esperado por la multitud. Sigue la presión sobre el zaguán y finalmente cede conforme se acerca el Comandante Fidel Castro Ruz acompañado por el secretario de Gobernación Fernando Gutiérrez Barrios, amigo de antaño –cuando los cubanos estuvieron presos en la Ciudad de México- y Dante Delgado Rannauro Gobernador del Estado, todo el mundo intenta entrar al mismo tiempo, quieren acercarse al esperado personaje. Un pensamiento cruza por la mente de Hilda, ¿cómo me acerco a él?, lógico el cuestionamiento si a Fidel lo protegen su corpulenta guardia personal. Ella con su metro cincuenta y cuatro de estatura los ve como gigantes, pero no se amilana, mira a su alrededor y con gran alegría descubre que los huérfanos ramos de flores están a su disposición -con la pelotera las edecanes ya no pudieron acercarse de inmediato a tomarlos-, toma uno de ellos y les dice a los de Seguridad que va a darle el ramo al Comandante, su decisión los hace dudar, el protocolo o las costumbres indican que alguien entregará flores, la dejan pasar, con toda su emotividad muy propia de ella, le entrega las flores, las palabras salen desde el fondo de su corazón, palabras que ella ya no recuerda y se dan un fuerte apretón de manos, Fidel se lo agradece, Gutiérrez Barrios está sorprendido, este recibimiento sale mucho mejor que si hubiera estado preparado. 

Durante el evento ella también ve al escritor colombiano Gabriel García Márquez, que acompaña a Fidel, prácticamente sólo, se abalanza sobre él y también lo abraza muy emocionada, le dice que ha leído sus obras. Los ojos del Nobel se humedecen -Santiago no es Macondo pero lo rodean la verde huaxteca, el río esmeralda que nace en la Sierra Madre Oriental y la emotividad de mi cuñada mexicotuxpeña-. 

Cuando Fidel está dando su discurso, rememorando su partida hacia Cuba, las peripecias del viaje, el por qué escogieron a Tuxpan-Santiago, los cubanos que se quedaron, etc., Hilda tiene su cerebro trabajando, qué hacer para que después le crean que lo conoció, que le entregó las flores, que lo saludó. Se decía: ‘qué le pido’ que le sirva como comprobante de que efectivamente ahí estuvo. Cuando el Comandante termina su discurso y se dirige hacia la orilla del río donde está la réplica del Granma, él ve a mi cuñada y nuevamente le agradece las flores. ‘Sí me reconoció’ se dice emocionada. Poco después cuando él ya se retira, ella ya decidió, le pedirá la gorra, busca el encuentro y le dice: ‘Comandante regáleme su gorra’, él le dice que en ese momento no le es posible porque es la única que trae, y todavía tiene otros compromisos, le promete que le enviará su gorra y le indica a uno de sus ayudantes que tome sus datos”. 
Y el tiempo pasó desde aquel momento tan emocionante, llegaría entonces el “regalo”, que adquiere un mayor valor a dos años que falleciera el expresidente cubano, Fidel Castro Ruz a la edad de 90 años (25 de noviembre de 2016 - La Habana, Cuba), la gorra que junto con su vestimenta militar caracterizaban a uno de los líderes históricos más importantes de América Latina.
“…termina diciembre, empieza 1989, pasan algunos meses y llega Semana Santa, mi cuñada con sus hijos viene a la Ciudad de México, en Fernando Soto 44, colonia Constitución de la República, a visitar a sus papás. Pedro Lozano, mi papá le llama telefónicamente, para decirle que unas personas la buscan –una de ellas es el Cónsul de Cuba-, para entregarle un presente que le envía Fidel Castro. Mi papá se había identificado verbalmente como su suegro y les dice que pueden dejarle el presente y a su vez se lo entregará a Hilda, pero las instrucciones que ellos llevan son precisas: Entregarlo personalmente. 

El Cónsul tiene que salir de Tuxpan y busca a personal cubano que días antes habían llegado en un yate desde Cuba y que estaban haciendo ciertas actividades comerciales, para encargarles que entreguen el regalo, algunos días después ella regresa a Santiago de la Peña: Le entregan la gorra, junto con un sobre y el escrito con papel membretado del Secretario del Consejo de Estado de la República de Cuba donde se indica que por instrucciones del Presidente Fidel Castro Ruz le llevan el gorro –éste solo trae en el interior impreso el número 9 y la leyenda PROTOTIPO Comité Técnico de Vestuario MINFAR- que le prometió durante la visita que realizara a Tuxpan y firmada por el Dr. José M. Miyar Marrueco y una tarjeta de presentación del Cónsul de la República de Cuba, José. A. Navarro S., el escrito viene fechado el 16 de diciembre de 1988 “Año 30 de la Revolución”, elaborado sólo pocos días después de su visita y de su promesa de enviársela, a nombre de la señorita Hilda Bravo Morrilla, -entiendo que cuando tomaron sus datos por las prisas o el bullicio anotaron Morrilla en lugar de Bonilla- y domiciliada en Riva Palacio No. 9. Le comentan que es la primera gorra que le regala a alguien del pueblo, ya en ocasiones anteriores había regalado dos o tres a Presidentes de países amigos. Después Hilda con mi hermano Jorge y sus hijos visitan el yate y les dan un paseo por el río”. 
Aquella gorra que estuvo en exhibición en el Museo de la Amistad México-Cuba -que se encuentra en la congregación de Santiago de la Peña- durante cinco años (2003-2007), menciona que su cuñada se la regaló a su hijo Carlos Toaki, quien desde que tenía 9 años la anhelaba, por lo que al cumplir los 18 ese fue su obsequio extraordinario, el “tesoro histórico familiar”. 

*** Reiteramos nuestro agradecimiento por compartirnos el referido anécdota y la foto a nuestro buen amigo, Carlos Lozano Medrano para difundir el tema a través de este espacio en el marco de una fecha conmemorativa, haciéndole llegar un cordial saludo… 

¡Gracias por el favor de su atención! 
D.M. Nos saludamos hasta la próxima entrega -jueves-. 
“Cada semana un tema diferente”.

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