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lunes, 5 de noviembre de 2018

Lorenzo Ochoa: Estudioso de la Huasteca

Por: Jairo Eduardo Jiménez Sotero.

El veracruzano Lorenzo Ochoa (1943-2009) fue sin duda uno de los grandes estudiosos del pasado mesoamericano. Su labor como arqueólogo en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) nos legó un importante acervo de trabajos sobre una zona cultural que al parecer ha sido olvidada por la arqueología y de la que el doctor Ochoa Salas fue un especialista: la Huasteca.

Cabe señalar que este importante personaje también llevó a cabo muchas investigaciones en otras zonas de Mesoamérica, como la maya, pero fue en la Huasteca donde se centra la mayor parte de sus estudios, esfuerzos y propia vida. También realizó una importante labor docente y académica, formando en las aulas y en el campo a varias generaciones de arqueólogos.

El presente trabajo tiene, pues, como objetivo dar a conocer algunos de los aportes más significativos que hizo Lorenzo Ochoa a la arqueología, elaborar un recuento general de sus principales artículos y publicaciones, llevar a cabo una semblanza sobre la vida del arqueólogo y, al mismo tiempo, hacer un homenaje a un personaje central de esta rama de la ciencia en México.

De la misma talla de otros personajes que trabajaron en la Huasteca, como Wilfrido du Solier, Gordon Ekholm, Joaquín Meade y Guy Stresser-Péan (fallecido también recientemente).

Lorenzo Ochoa Salas nació en la ciudad de Tuxpan el 25 de mayo de 1943. Tras realizar sus estudios básicos en esta ciudad, se trasladó a la capital del país para estudiar arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Asimismo, obtuvo su maestría en Arqueología en la misma institución con la tesis titulada Algunos aspectos sobre la Huasteca en la época prehispánica, y luego su doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

En su brillante carrera, fue investigador titular del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIIA-UNAM) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Destacó también en el campo de la docencia, pues el doctor Ochoa fue catedrático de la ENAH y de la Escuela Nacional de Restauración, Conservación y Museografia “Manuel del Castillo y Negrete”, dependiente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Fue también el titular de la materia Mesoamérica en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue además organizador del Seminario Permanente de Estudios de la Huasteca, dependiente del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, así como Secretario Académico del Centro de Estudios Mayas.

El doctor Ochoa fue fundador del Centro Regional de Occidente en Guadalajara, primer centro regional del INAH; secretario académico del Centro de Estudios Mayas; miembro del Consejo Interno del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, de la Comisión de Admisión del Colegio Mexicano de Antropólogos y del Comité Asesor de Proyectos Especiales de Arqueología del INAH, y curador, entre 1970 y 1972, de la Sala de las Culturas del Golfo del Museo Nacional de Antropología e Historia.

Coordinó y dirigió seis grandes proyectos de investigación arqueológica: “Arqueología de las tierras bajas noroccidentales del área maya” (1973-1978), “Arqueología de la cuenca del río Candelaria” (1983-1987), “El sistema de riego de San Nicolás Atecoxco, Hidalgo” (1982-1992), “Las cuevas con cajas de madera de Tenosique, Tabasco” (1994-1996), “Investigaciones en la cuenca de la laguna de Tamiahua, Veracruz” (1992-1998) y “Estudios de los sistemas de mercados y rutas de comercios en la Huasteca” desde 2000 hasta su muerte.

En lo que respecta a sus trabajos de campo, quizá los más significativos fueron los recorridos de superficie que realizó en los años de 1968 y 1970 en la zona de la laguna de Tamiahua en el norte del estado. Los resultados, publicados en una importante obra titulada Historia prehispánica de la Huasteca, nos dan luz sobre el desarrollo que siguieron los pueblos de la zona. Estableciendo relaciones cerámicas con los materiales arqueológicos identificados por Gordon Ekholm, Richard McNeish, Wilfrido Du Solier, Alfonso Medellín Zenil y Eduardo Noguera, Lorenzo Ochoa propuso una vinculación entre los tipos de la Huasteca de épocas tempranas con la cerámica de zonas como la maya y la de la Fase I de Monte Albán, y en la Fase Pavón de Pánuco (retomando a McNeish) argumenta que la cerámica de la zona es similar a la de Tres Zapotes, en el sur del estado.

En otra publicación titulada Cinco miradas en torno a la Huasteca, el doctor Ochoa reunió a excelentes investigadores para hablar de la Huasteca desde cinco diferentes perspectivas: el propio Ochoa, la historia antigua de la Huasteca; Marcia Leal, los huastecos en las fuentes históricas; Ángela Ochoa, la lingüística; Anabella Pérez, la etnografía, y Gonzalo Camacho, la música. En esta obra propone que hasta antes del siglo VII d.C. no es posible hablar de una “cultura” huasteca con las características que –según el autor– siglos después definirán a este grupo étnico: edificios de planta circular, cerámica de pasta fina y decorada con colores negro o guinda sobre crema, esculturas en las que sobresale el gorro cónico y adornos de concha y caracol cortado. Ochoa argumenta acerca de la presencia primeramente tolteca y más tarde mexica en la Huasteca en los siglos XI y XII. De hecho, la primera de ellas se puede apreciar en sitios como Castillo de Teayo. Información valiosa como la anterior abunda en las obras de Lorenzo Ochoa.

Lorenzo Ochoa (Imagen tomada del Periódico Universo de la 
Universidad Veracruzana, Año 6, Número 227, julio de 2006).

Otra área de interés del autor fue la zona maya. Como ya se mencionó, el Centro de Estudios Mayas fue uno de los institutos de investigación en los que el arqueólogo veracruzano se desempeñó con gran acierto. Una de sus más importantes publicaciones sobre la zona maya, dedicada a otro personaje legendario en la historia de la arqueología mexicana, Franz Bloom, es la que tituló Antropología e historia de los mixeszoques y mayas. En esta obra, el doctor Ochoa rememora las andanzas del gran viajero danés por las zonas que abarcan desde el sur de Veracruz hasta la frontera del estado de Chiapas con Guatemala, así como su labor en esa extensa región. La obra se compone de cinco capítulos, el primero de los cuales está dedicado a la vida y obra de Franz Bloom, el segundo a la arqueología, el tercero a la etnohistoria y la lingüística, el cuarto a la etnografía y a la antropología social, y el último a sus comentarios finales. Lorenzo Ochoa escribe en el segundo capítulo un artículo titulado “El medio Usumacinta: un eslabón en los antecedentes olmecas de los mayas”, texto en el cual el autor aborda el problema del supuesto origen olmeca de ciertos rasgos mayas, como la cuenta larga y el levantamiento de estelas calendáricas en la región media de la cuenca del río Usumacinta.

En términos generales, las aportaciones del doctor Lorenzo Ochoa al campo de la arqueología mexicana están referidas o los problemas de la investigación, siendo sus reflexiones siempre propositivas. Primeramente, debemos tener en cuenta que, al ser oriundo de la zona huasteca, llevó a cabo todas sus investigaciones o la mayor parte de ellas en esta área cultural tan poco estudiada incluso hoy día. En sus obras plantea la escasa bibliografía que hay sobre la zona, así como el poco interés de los arqueólogos por trabajar ahí, por lo que no duda en precisar esa necesidad, siguiendo las huellas de una importante cauda de investigadores, como McNeish, Ekholm, Du solier, Stresser-Péan o Meade, y de la cual Lorenzo Ochoa formó parte importantísima por ser quizás uno de los primeros arqueólogos mexicanos que trabajaron activa y ampliamente la Huasteca.

El presente autor concuerda plenamente en lo que se ha dicho sobre el olvido en que ha caído esa rica e importante franja arqueológica para la investigación. Desconozco si dicho olvido se debe a motivos institucionales o simplemente a la falta de interés de los arqueólogos. Sea cual sea la causa, es una situación que se debe revertir con más programas de investigación arqueológica integral en las regiones poco investigadas y, por qué no, trabajar también desde las aulas con los futuros arqueólogos a fin de que amplíen el horizonte de sus estudios hasta esas zonas que aún tienen mucho que mostrarnos.

Un punto que debe resaltarse del doctor Lorenzo Ochoa es que siempre mantuvo una fuerte vinculación con nuestro estado de Veracruz ya que en su quehacer docente, tanto en la Escuela Nacional de Antropología e Historia como en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, solía realizar viajes de estudio con sus alumnos a la costa del Golfo.Lamentablemente, tan renombrado arqueólogo nos abandonó en diciembre de 2009.

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