"Una ventana abierta a la historia y cultura de Tuxpan, Ver."

lunes, 17 de febrero de 2020

Así andaba Tuxpan en la década de los fabulosos años 50

Por: Salvador Hernández García 
Cronista de la Ciudad

Apenas concluido el Gobierno Federal del Lic. Miguel Alemán Valdés y una vez que entró en funciones del Régimen Gubernamental de Don Adolfo Ruiz Cortínes, quien designara Secretario de la Presidencia de la República, a nuestro paisano, Don Enrique Rodríguez Cano; los políticos de aquella época que en grupo eran conocidos como “El Zoológico Tuxpeño”, por aquello de que en su gran mayoría gastaban apodos de animales (El Sapo, La Tuza, El Cucho, El Tlacuache, El Gato Ruso, La Leona, La Rata Güera, El Mazacuate, etc.) iniciaron y desarrollaron un dinámico operativo de gestoría ante esa máxima Institución Gubernamental y en sus respectivas Dependencias en las que se hizo necesario incorporar a Tuxpan en los Programas y Proyectos de Obras Públicas del Gobierno Federal, lo cual lograron a base de tesón, esfuerzo y una admirable vocación de servicio, comprendiendo sus resultados MEGA-OBRAS (para su época) tales como la Construcción del Puente sobre el Río Tuxpan; la apertura del canal de navegación y el dragado permanente de la Barra; la construcción de las Escolleras Sur y Norte; la ampliación de la Dársena de Ciaboga; la construcción del Recinto Portuario; la construcción del Muro de contención sobre la margen izquierda del Río Tuxpan, la construcción del Boulevard Las Palmas, la construcción de los edificios que albergan los Planteles Educativos, Escuelas Primarias “Enrique C. Rébsamen” y “Miguel Lerdo de Tejada” y los de Enseñanza Superior Media, la “Escuela Secundaria y Preparatoria Manuel C. Tello” y la Escuela Secundaria Técnica e Industrial “Enrique Rodríguez Cano”, y… hasta una vía de ferrocarril de 72 kilómetros que en su extremo opuesto ubicado en un punto conocido como “La Guadalupe”, se bifurcaría para unir por esa vía a Tuxpan con el Puerto de Tampico y la Ciudad de México, respectivamente. 

La construcción de esas obras dieron ocupación durante todo el sexenio Ruiz Cortinista a una gran cantidad de residente porteños en todos los diversos niveles del ramo laboral. No había desempleo, y antes al contrario por razones obvias se había ampliado la Planta Productiva no sólo de Tuxpan sino de toda la región, y no resulta exagerado asegurar que, pese a los estragos que a finales del año de 1955, causaron en la zona los ciclones “Hilda” y “Janet” y el desbordamiento de Río Tuxpan, tales fenómenos meteorológicos les hicieron a Tuxpan y a los Tuxpeños, lo que es fama le hizo “Lo que el viento a Juárez”, ya qu4e la infraestructura urbana y rural del Municipio fracturadas y destruidas por los 15 días que permaneció inundada la ciudad y sus zonas bajas periféricas, fueron de inmediato reconstruidas y hasta ampliadas y mejoradas. En ese año de 1955, por cierto, unos meses antes del dicho fenómeno meteorológico murió Don Enrique Rodríguez Cano, echo que por cierto dio lugar a que una semana después de acaecido su sentido deceso, el 9 de Junio de 1955, el C. Gobernador del Estado de Veracruz, Lic. Marco Antonio Muñoz Thrumbolt, emitiera el Decreto G.0.68, al siguiente tenor: “Considerando que el término de la vida de un hombre el momento indicado para hacer balance sobre su actuación personal  en relación con la colectividad, considerando que habida cuenta de las cualidades cívicas del Sr. Enrique Rodríguez Cano, entre las que destacaron su acendrado patriotismo, su celo hacia el bienestar social, su estímulo a la cultura, su devoción a las virtudes éticas de lealtad y culto a la amistad, como engendradas del más elevado sentido de armonía colectiva, su alta y eficaz responsabilidad en el desempeño de los cargos públicos que le fueron conferidos por  el Pueblo y por distintas administraciones que Preside con Adolfo Ruiz Cortines, primer Mandatario de la Nación, y en cuanto a que la Ciudad de Tuxpan – su tierra natal – recibió su constante colaboración para lograr un mayor engrandecimiento tanto en el aspecto moral y cívico, como por las obras materiales que propició, estimuló, patrocinó, es prudente y debido como un acto de estricta justicia, expedir el siguiente DECRETO: 

SE ESTABLECE QUE A PARTIR DE LA FECHA DEL MISMO, LA CIUDAD Y PUERTO DE TUXPAN LLEVE EL NOMBRE DE “TUXPAN DE RODRÍGUEZ CANO”

Bajo el título de ANECDOTARIO,  he escrito un poco más de un centenar de articulejos y croniquillas a través de los cuales pretendo esbozar, deslindándome de lo que formal de un añorado Tuxpan, el de la década de los años cincuenta del pasado siglo XX, que me tocó vivir en la adolescencia, y sobre cuyo recuerdo desfilan una serie de personajes singulares con los cuales conviví, quienes destacaron por su popularidad y carisma en aquella época. 

Muchos de ellos, en su gran mayoría, ya son finados, y para ellos hago presente mi más respetuoso y emocionado recuerdo, y sobre ese particular considero oportuno dejar previamente aclarado, que la falta de solemne de mis mal hilvanados escritos, no implica de manera alguna una falta de respeto para los personajes ausentes o presentes a los que aludo, pues en mi caso yo solamente me limito a resaltar los ángulos personales que les fueron característicos a quienes cito. Así aclarado: ¡Sale y Vale!. 

Quien esto escribe, Salvador Hernández García, a mediados de la década de los años cincuenta, ya hacía sus pininos en la actividad periodística bajo la guía protectora de mi finado amigo Santiago Lobato Diego, quien colateralmente me apadrinó como locutor y cronista deportivo de la radiodifusora local X.E.T.L.  

Era la época marcada en los inicios de la fabulosa década de los años cincuenta del pasado siglo XX, antes de que se abatiera sobre Tuxpan y la región (1955) los ciclones “Hilda” y “Janet” causando la más tremenda inundación que registra su historia. Nos encontrábamos viviendo en plena euforia Rodriguezcanista, cuando apenas Tuxpan empezaba a perder su fisionomía de “rancho grande” y comenzaba a adquirir su fachada a Edad Media. 

Por aquellos tiempos del legendario “Salón Poninas” era el templo Báquico de moda y aún guardaba su auténtica prosapia y sabor de taberna de lujo cuyo tácito lema era: “Las bebidas más caras, para los bebedores más exigentes. 

Entre los “habitúes” más distinguidos destacaban los cubileteros que cotidianamente se jugaban la tanda en la llamada “Mesa Presidencial” que ocupaban el Prof. Basilio Fernández Gamundi, Mundito García y López D. Fausto “Tangerino” conocido como el Duvalier de la Isla de Juana Moza” por aquello que tenía 10 trienios de venirse desempeñando como Agente Municipal del lugar. Simón “La Güera” Loya, Director del interdiario “La Tribuna Tuxpeña”. Don Raúl Gibb Quintero, Director de “La Opinión de Poza Rica, el dirigente obrero, Jorge Gutiérrez Morales y el habilismo empresario, Calixto Almazán Barrón, un virtuoso operador de cubilete, cuya  tercia de mano y el consecutivo “ligue” del caballo con su elegante chanflazo Rotario, sembraba el pánico entre sus contertulios. 

Por ese tiempo de Tuxpan, los socios del Casino Tuxpeño, cuyos descendientes se han concentrado en el fraccionamiento “Jardines de Tuxpan” y mucho antes de que su incursión en la actividad política los obligara a mezclarse con la canalla arrabalera, por aquel tiempo en su gran mayoría practicaban el PARTHEID y su autodenominaban “de la primera sociedad” aunque  el resto de los mortales les llamaban, a título peyorativo, los de “La Merapri” y en ese ámbito destacaban como los galanazos de la época Adolfo Kokke y Alberto Arango, quienes se sentían soñados. 

Se ejecutaban las obras portuarias, se construían las escolleras y se proyectaba la construcción del Puente sobre el Río Tuxpan. Se producía un BOOM económico y su impacto lo reflejaban los checadores e inspectores  que en tales obras trabajaban, como fue el caso del popular  Mundo Hid, que en las tabernas Porteñas “Las Goteras de Chong Look” y el “Atorón” gastaba más petrodólares provenientes de las escolleras, que un Emir del Golfo de Pérsico y hasta se daba el lujo de que desinfectara la barra con Brandy Fundador. 

Los populares y rumbosos bailes organizados por la Junta de Caridad y Pavimentación en su edificio propio que hoy en día alberga al Museo de Antropología local, eran auténticos festejos en donde sin distinción de clases sociales se festejaban en forma colectiva de Navidad y el Año Nuevo. Por sus salones desfilaron las mejores orquestas nacionales, tales como las de Carlos Campos, Arturo Núñez con su cantante Benny Moré, Chucho Rodríguez, Mariano Mercerón, Pablo Beltrán Ruiz, Luis Arcaraz, Gonzalo Curiel, Gamboa Ceballos, Alejandro Cardona y Dámaso Pérez Prado que retiró de las pistas de baile a el Arabe Nadim Hid,  quien nunca pudo agarrarle el ritmo  al mambo. Después vinieron las Sonoras Matancera y Santanera y todas las de moda, y como diría Don Susanito Peñafiel y Somellera… ¡Que tiempos señor Don Simón!

Por aquel entonces mi compadre Domingo Sosa aún pisaba y corría, el eterno Pepe Bache festejaba el cuarto o quinto aniversario de sus 15 primeros años. “El Marques del Valle de Tabuco, (a) “El Carrascuás”, se revelaba como rumbero y jarocho, trovador de veras. A nivel Restaurantero, Don Mnauel Sobera era el dueño del cotarro más pomadoso del rumbo. En las fiestas privadas llamadas “cachadas” campeaba por sus fueros charanga particular conocido como el “Son Buche de Oro”, integrado por Luis “El Cabezón” Romo, el poeta e ingeniero (C.F.E.)  Chente López Perara mi compadre Lacho Belio L. mi primo Pancholín, Herón Santes, “La Caballota”, Mingo Sosa con su trecillo, Manuel Pelaez, Toño Arizmendi y un servidor. Este son no cobraba por actuar pero salía má caro que una sinfónica, por lo que bebían y yantaban a costillas de los organizadores de las fiestas. 

Quincho Angeles y el Coronel Emilio Chapoy, se rolaban el cargo de Inspector de Policía y por su parte Manuel “Winche” Guevara, gastaba dinero a manos llenas. ¡Hasta dormido!... ¡Pura Vida Caballero!. ¿Cuál crisis, cual pobreza extrema, cual rezago social?, si por aquellos tiempos hasta se podía comer gratis e las tabernas locales, distinguiéndose por la calidad de sus botanas. El “Poninas”, ”El Chapultepec”, “El Copacabana”, y “La Reforma” que respectivamente incluían en sus menús, carnitas, sargos enchilados. Torta de hueva y enchiladas con camarones y huelga añadir que los dichosos sargos los dejaba Manuel Peláez, mondos y lirondos, como peineta de Tehuana. 

Por cierto que en la “Reforma”  la morenaza Chabela destrozaba corazones a destajo, y la hoy legendaria “Borrada” en las “Las Goteras de Chong Look la de las inigualables carnitas y espléndidos camarones a “La cantoneza” a la sazón de D Celestino Basañez era Presidente  Municipalo, Luis Romo, Gerente de Bangricola y Mexicana de Aviación comunicaba diariamente a Tuxpan con Tampico y México a través de vuelos diarios. En fin. 

Los hermanos Emeterio y Gabriel Ruiz se disputaban el mercado cervecero con el árabe jarandino Jorge Elias “El Rebelde del Tiempo” y la estrategia de ambas partes consistía en obsequiar vales por determinada cantidad de cervezas de acuerdo al grado de popularidad y el calibre del hígado de borrachales a beneficiar, con lo cual los gaznates más aguerridos tenían asegurada la ingestión etílica de gorra y eso a pesar de que el gran Jefe EME era más duro que un bolillo del Changarro de Patiño, por su parte “El Pillete” Loya ligaba su tercer divorcio al hilo y por ese tiempo se avecinaba en Tuxpan Eduardo Quero, “El Chícharo”; Chente López fungía como Superintendente de la C.F.E.  y el siempre recordado y caballeroso Licenciado Jesús Baez Sánchez, sentaba cátedra un incorruptible Juez de Distrito. 

Santiago Lobato Diego se integraba a la prensa y a los radios locales, contagiando con tales virus a quien esto escribe, que por aquel tiempo redactaba sus croniquillas deportivas y de sociales de la localidad en el interdiario Porteño. LA TRIBUNA a la vez junto con el “Cabo” Lobato Diego, transmitíamos por control remoto a través de la Estación radiodifusora X.E.T.L. desde el Ex Campo de Aviación, los partidos de Futbol de los campeonatos Local y Regional, lo que más tarde me permito darle la alternativa en tales campos al por aquel entonces imberbe secundario, Demetrio Ruiz Malerva. En ese mismo medio de periodismo, Oscar Pancardo y César Ortega, editaban el semanario “TOCHPAN” y por otra parte se integraba a la plantilla de “El Sol de la Huasteca”, con el patrocinio de D. Calixto Almazán Barrón y la Dirección de Javier Santos Llorente, Miguel López Azuara, Manuel Arvizu Maraboto y Eduardo  Deschamps. 

Por aquel entonces ya se advertía en Tuxpan una avanzada de los futuros expedicionarios del GRANMA quienes como “sin querer queriendo” se comenzaron a asentar en un terreno ribereño esquinero ubicado a la entrada de la calle (2 ejidos) que de acceso al Aeropuerto “Fausto Vega Santander”, propiedad  que fuera de la Sra. Virginia Cordero Florencia, esposa del Lic. Rafael Murillo Vidal. 

A esas altura mi compadre Lacho Bello, ya emancipado del hogar paterno, ocupaba la “Suite Presidencial” de Vetuso Hotel Colón, y tenía por compañero de aventuras y desventuras, nada menos que a Félix Mogollón Sevila, de quien se decía que era tan práctico como una llave STYLSON, ya que no se le barría ninguna tuerca y con dos chorros de agua era capaz de tejer una trenza. 

Hacía más de 24 horas que la pareja traía el estómago de farol debido a la escases de fondos y sucedió que estando acostados en plena meditación budista, ocurrió que para su fortuna, desde la cocina del vecino Restaurant “Nuevo Elegante”, ubicado en la planta baja, les llegó el agradable e incitante olor de las viandas en preparación. “Si tuviera la lámpara de Aladino” – decía mi Lachote de Oro – “Ahora mismo lo ordenaba al genio que me apareciera un par de milanesas, con su guarnición de papas a la francesa, y una ensalada de verduras rociadas con aceite de olivo, además de unos frijolitos refritos con queso y unos platanitos fritos montados”. 

Félix Mogollón que para entonces tiraba el marco desde cualquier ángulo y hasta estando de espaldas y  acostado anotaba el gol, socarronamente le sugería a Lacho: Ten fe hombre, cierra los ojos y concéntrate. A lo mejor sin la lámpara de Aladino se conceda tu deseo.

Total que Lancho del sopor pasó, y ya cuando estaba a punto de amacizarlo, un agradable tufillo lo despertó  y para su enorme sorpresa va viendo en frente a si una descomunal milanesa desbordando un gran platón y en otro de ellos los aderezos que se había imaginado mientras por otro lado y frente a él un sonriente y triunfante Félix Mogollón se preparaba a dar cuenta de un platillo semejante. 

Eufórico, el Gran Lachote, quien aún era relativamente ingenuo, más que decir, gritaba eufórico: “Mira nomás, mi Mogo yo no creía en Aladino y mira nada más lo que nos mandó. Terminando de comer lo buscamos para que nos siga haciendo milagros, por lo pronto pásame mis placas para comerme mi  milanesa”. A esto Mogollón, sin perder el apetito ni la compostura, con toda parsimonia la repuso a Lacho. Hasta ahora que tú me lo dices que el Chino Dueño del Restaurant se llama Aladino. En cuanto tus placas, más te vale que te vayas acostumbrando  a comer sin ella porque se las empeñé al Chino. ¿O de donde crees que salieron las milanesas?  

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